(BUENOS AIRES).- «De afuera hacia dentro y viceversa», explicó Daniela Galitó al resumir el concepto del refugio. Juliana Awada levantó su casa sustentable en Villa La Angostura, sobre la Bahía San Patricio, a orillas del lago Nahuel Huapi y con vista al Cerro Bayo. La vivienda fue pensada para integrarse al paisaje y conservar el bosque del terreno.
La condición de Juliana Awada para la obra fue no talar ningún árbol del terreno. La solución arquitectónica consistió en separar la casa en volúmenes independientes, unidos por pasarelas que se adaptan a la ubicación natural de coihues y cipreses. La construcción también requirió un estudio de impacto ambiental por la protección del bosque nativo en esa región de Río Negro.
El vínculo de Juliana Awada con la Patagonia comenzó hace más de tres décadas, cuando tenía 22 años y visitó la región por primera vez con su madre, su hermana y su cuñado. Años más tarde, convenció a Mauricio Macri, cuando aún eran pareja, de recorrer la zona. Juntos encontraron el terreno ideal para proyectar la residencia.
El proyecto arquitectónico estuvo a cargo del arquitecto Alberto Rossi, cuñado de Juliana Awada. Daniela Galitó se ocupó del interiorismo, mientras que Martina Barzi y Josefina Casares desarrollaron el paisajismo; ambas son discípulas del diseñador de jardines británico John Brookes. El equipo trabajó con la premisa de integrar la construcción al bosque y completó la obra en un año y tres meses.
Un refugio pensado para la vida sostenible
La fachada está revestida con paneles de fibrocemento negro, un material duradero que no requiere mantenimiento. El color fue elegido para integrarse con el paisaje, mientras que los techos a dos aguas refuerzan la estética de inspiración nórdica. El sistema también permite recolectar agua de lluvia para reutilizarla en el riego.
Las paredes interiores están revestidas en madera de roble de Eslavonia. No hay cuadros ni adornos recargados: la decoración reúne artesanías del norte argentino, lámparas de barro, tejidos hechos a mano y alfombras de lana. Los ambientes se completan con materiales naturales y grandes ventanales que enmarcan las vistas del lago y las montañas.
El jardín de invierno tiene una estructura metálica negra y paredes vidriadas, y funciona como un espacio de transición entre el interior y el exterior. Allí conviven una pequeña huerta, plantas aromáticas y muebles de madera, junto con una salamandra para usarlo durante los días fríos. La huerta y el invernadero son el lugar favorito de Juliana Awada, que los cuida personalmente durante todo el año.
La cocina ocupa un lugar central dentro del hogar y fue pensada como espacio de encuentro familiar. La propuesta interior también incluye maderas quemadas convertidas en mesas, consolas y soportes para apliques de luz. Los cuatro módulos independientes, el muelle sobre el lago Nahuel Huapi y los hogares a leña completan un refugio preparado para disfrutar la Patagonia durante todo el año, a pocos minutos del centro de esquí Cerro Bayo.
