(BUENOS AIRES).- Maru Botana desarrolló un negocio gastronómico que cuenta con 6 locales en Buenos Aires y uno en España. La propuesta se apoya en una red de establecimientos propios y cafeterías, con una actividad que también incluye servicios de catering. Su recorrido en los medios sumó al negocio otras vías de ingresos.
La trayectoria de Maru Botana se extendió durante tres décadas y generó ganancias mediante contratos de televisión. A esa fuente se agregaron la edición de libros de cocina, las pautas publicitarias como embajadora de marcas y la monetización en redes sociales. Esas actividades ampliaron el alcance comercial de su figura más allá de la atención en los locales.
La cadena tiene presencia en distintos puntos de Buenos Aires. Las sucursales están ubicadas en Belgrano, Palermo y San Isidro, entre otros barrios, y forman parte de una estructura de locales propios y cafeterías. El servicio de catering completa la oferta gastronómica y permite llevar la marca a actividades y encuentros fuera de sus establecimientos.
La empresa también extendió su presencia fuera del país con un local en España. La operación reúne así siete establecimientos: seis en Buenos Aires y uno en España. La información disponible no precisa la ciudad española en la que funciona esa sede.
Maru Botana declaró públicamente que no otorga franquicias de manera masiva debido a malas experiencias pasadas. Esa decisión limita la expansión mediante operadores externos y conserva la conducción del negocio dentro de un esquema controlado por la propia marca. La política se diferencia del modelo de crecimiento basado en multiplicar locales a través de terceros.
El antecedente más recordado ocurrió con un local operado por Alejandro Stoessel en San Isidro bajo la marca de Maru Botana. El establecimiento fue clausurado por conexiones clandestinas de luz. El episodio forma parte de las experiencias que explican la cautela de Botana frente a la entrega de franquicias.
El control de la marca y de la producción artesanal ocupa un lugar central en la estrategia de Maru Botana. La empresaria prefiere conservar esa conducción antes que delegarla de manera amplia. También proyecta que sus propios hijos continúen a cargo del negocio, una definición que vincula la continuidad familiar con el futuro de la empresa gastronómica.
El patrimonio visible de Maru Botana incluye una residencia familiar valuada en aproximadamente 2 millones de dólares. La mansión está ubicada en un barrio cerrado de Tigre, en la zona norte de Buenos Aires, y tiene cerca de 900 m² totales, seis dormitorios, un playroom y una cocina de nivel profesional. La propiedad completa el perfil económico construido a partir de la televisión, los contenidos gastronómicos, la publicidad y los locales.
No existe una declaración de fortuna neta que permita establecer el patrimonio total de Botana. La información disponible identifica como parte visible de sus bienes la residencia de Tigre y vincula sus ingresos con la actividad gastronómica, la televisión, los libros de cocina, la publicidad y las redes sociales.
El esquema que sostiene el negocio combina locales propios, cafeterías, catering y una expansión internacional acotada. La continuidad queda asociada al control directo de la marca y a la posibilidad de que sus hijos asuman la conducción de la empresa.
