(BUENOS AIRES).- Netflix estrenó El Monstruo de Florencia el 22 de octubre de 2025, una miniserie de cuatro episodios basada en hechos reales. La producción de Netflix, dirigida por Stefano Sollima, reconstruye los asesinatos atribuidos al llamado Monstruo de Florencia desde distintos puntos de vista. Para quienes buscan series policiales basadas en expedientes reales, es una recomendación centrada en un misterio que todavía no tiene resolución.
La trama comienza el 21 de agosto de 1968 en Signa, un pueblo ubicado al oeste de Florencia. Bárbara Locci y su amante, Antonio Lo Bianco, fueron asesinados a tiros dentro de un auto, mientras Natalino, el hijo de seis años de ella, dormía en el asiento trasero. El chico sobrevivió, huyó hasta una casa cercana y quedó como testigo del primer crimen de una cadena que continuaría durante años.
Stefano Mele, el marido de Bárbara Locci, confesó el homicidio y fue condenado por ese primer caso. Sin embargo, los asesinatos continuaron después de su encarcelamiento. En 1982, la policía descubrió que una misma pistola Beretta calibre 22, cargada con balas Winchester, había sido utilizada en varios ataques. El patrón se repitió con parejas jóvenes en lugares apartados: el agresor disparaba desde la oscuridad, se acercaba con un cuchillo y, en los asesinatos de mujeres, mutilaba sus órganos sexuales.
Entre 1974 y 1985 fueron asesinadas siete parejas más, hasta llegar a 16 víctimas; entre ellas estuvieron Pasquale Gentilcore, Stefania Pettini, Giovanni Foggi, Carmela De Nuccio, Paolo Mainardi y Antonella Migliorini. El último ataque ocurrió en septiembre de 1985, cerca de San Casciano, contra una pareja de turistas franceses. La mujer murió a tiros y el hombre fue apuñalado cuando intentaba escapar; días después, la fiscal Silvia Della Monica recibió un sobre con letras recortadas y un trozo de piel de la víctima.
El asesino nunca volvió a matar, mientras más de 100.000 personas fueron interrogadas sin que apareciera un culpable definitivo.
Cuando la serie se cruza con el caso real
Salvatore Vinci ocupa el último punto de vista de la serie y aparece como uno de los sospechosos del caso de Bárbara Locci. Según muestra la producción, Vinci convenció a Stefano Mele de matar a Locci y a Lo Bianco, por lo que también quedó involucrado en ese crimen. Tras el juicio, la falta de pruebas y la negativa de Mele a declarar en su contra permitieron que Vinci quedara libre; después desapareció y la actividad del Monstruo cesó.
El expediente real siguió otro camino con Pietro Pacciani, arrestado en los años 90 y condenado en primera instancia por doce asesinatos. En el juicio de 1994 recibió catorce cadenas perpetuas, pero luego fue absuelto en apelación por falta de pruebas sólidas y contradicciones en el proceso. Sus supuestos cómplices, Mario Vanni y Giancarlo Lotti, fueron condenados, aunque nunca se probó su culpabilidad mediante ADN; Pacciani murió en 1998, Lotti en 2002 y Vanni en 2009.
La investigación tampoco se cerró con esas condenas. En 2022 se impulsó el análisis de pruebas antiguas y, en 2024, la fiscalía anunció un perfil genético desconocido hallado en muestras de tres escenas, que no corresponde a víctimas ni a sospechosos históricos. En 2025 también se reveló que Natalino Mele era hijo biológico de Giovanni Vinci y no de Stefano Mele, un dato que no aparece en la serie. El caso sigue oficialmente abierto y sin responsable identificado, una razón más para incluir esta producción de Netflix entre las recomendaciones de la plataforma.
