ESPECTÁCULO

Gustavo Cerati: qué leía, escuchaba y miraba el líder de Soda Stereo

 

Su biógrafo revela los libros, discos y series que marcaron al líder de Soda Stereo

 
Gustavo Cerati
Gustavo Cerati

(BUENOS AIRES).- «Un rasgo de su personalidad era ser muy curioso de lo nuevo, del futuro. Era un hombre en general sin melancolía, no era nostálgico y se podía liberar con cierta facilidad del pasado. En la música eso implicaba una curiosidad permanente, era muy melómano. Siempre estaba con un oído en el futuro», describió Juan Morris, periodista y autor de «Cerati. La biografía», al repasar el universo cultural de Gustavo Cerati. A días de que el músico cumpliría 60 años, su biógrafo repasó qué leía, escuchaba y miraba el líder de Soda Stereo.

Morris explicó que para entender a Cerati hay que volver al origen: «Para empezar a entender al universo cultural de Gustavo lo primero es entender el contexto en el que nació: en una familia de clase media baja, en Barracas, cuando Barracas era un barrio obrero de talleres». Sus padres vivían en una pensión cuando se casaron y no tenían formación universitaria, pero su madre, Lilian, les transmitió a sus hijos un gran interés por la cultura: participaba en obras de teatro en la empresa y, cuando no pudieron pagar un profesor de piano tras mudarse a Villa Ortúzar, le buscó uno de guitarra. En esa casa no había libros: el primer contacto de Gustavo Cerati con la cultura fueron los comics de Superman y Tarzán, y su primer acercamiento al arte fue el dibujo, con hojas que el padre le compraba cuando volvía del trabajo.

El disparador musical llegó a los 6 o 7 años, mirando El Club Del Clan con su familia: al ver unos imitadores de los Beatles, al otro día los dibujó en el colegio y desde ahí se interesó por los discos de pasta. En los años 70, cuando estaba en 4to, 5to y 6to grado, estalló el rock progresivo y sus grandes héroes pasaron a ser Yes, Génesis, Deep Purple, Pink Floyd y Jimi Hendrix, bandas con las que se formó sentimentalmente en la música. Esa base no le impidió abrazar la New wave en los 80, de la que Soda Stereo se nutrió mucho.

De Fogwill a Nietzsche

Con la literatura la relación fue menor. «no tenía una gran relación con la literatura. Leía, pero no hay autores que hayan marcado su vida», detalló Morris. Cerati leyó a Rodolfo Fogwill y, en un momento de crisis, encontró refugio en un libro del productor Brian Eno, de quien tomó el consejo de tener el estudio fuera de la casa. Las referencias literarias en su carrera fueron puntuales: un agradecimiento a Pizarnik en Amor amarillo y una alusión a Edgar Allan Poe en Corazón delator. Recién en el momento de Siempre es hoy, que coincidió con su separación de Cecilia Amenábar, leyó a Nietzsche y a Osho, en un período en que se caía su proyecto familiar.

La búsqueda espiritual fue otra constante en la vida de Gustavo Cerati. De chico, junto a sus amigos, le interesaban los ovnis y el Triángulo de las Bermudas; aunque iba a misa y tocaba en el coro de la iglesia de su colegio parroquial, su camino posterior se pareció más a la fascinación por lo sobrenatural que a una religión. «Siempre viajó por Latinoamérica y le interesaba mucho la civilización Maya, los Incas, no por compararlos con fenómenos sobrenaturales, sino porque tienen que ver con una cosmogonía, una cosmovisión. De más grande la búsqueda pasó por la Kabbalah, el Budismo y la filosofía», contó Morris, quien agregó que cada tanto veía a una vidente.

En las pantallas, Cerati tampoco era nostálgico. «Cuando tuvo una trombosis en la pierna y estuvo obligado a hacer reposo, miró todo Twin Peaks y todos los DVDs de una colección de películas de Stanley Kubrick», recordó el biógrafo. Mientras componía Fuerza Natural en su chacra en Uruguay, vio Lost. Y con la música en los últimos años, sus preferencias siguieron apuntando adelante: «3 bandas que le gustaban mucho: Vetiver, Pacific! Y LCD soundsystem», enumeró Morris.

Esa apertura no siempre tuvo aprobación en su entorno. «A sus amigos del colegio no les gustaba nada Soda Stereo porque les parecía una traición. Música comercial», relató Morris, quien subrayó que tenían una visión mucho más conservadora del rock y del arte, algo que Gustavo no compartía para nada. De Racing, aunque no iba a la cancha ni hacía deportes, Cerati construyó una carrera sin dos discos iguales: esa curiosidad por la década siguiente fue uno de sus grandes motores de crecimiento artístico.