(BUENOS AIRES).- «La casa se curte y se vive». Con esa premisa, Vero Lozano transformó por completo el espacio central de su casona de estilo francés en San Isidro: el antiguo comedor formal de la mansión se convirtió en una oficina y estar que hoy funciona como el corazón de su rutina diaria. La conductora explicó que no le gusta tener ambientes «intocables» que solo se abran para visitas, y por eso decidió cambiar de raíz la dinámica de ese sector señorial de la casa.
El resultado es, según contó la propia Vero Lozano, su lugar preferido en el mundo. Allí pasa la mayor parte del tiempo: lee libretos, produce sus proyectos y desarrolla gran parte de su trabajo diario. Lo que antes era un ambiente reservado para ocasiones especiales se transformó en un espacio de uso permanente, pensado para funcionar y para vivirse.
La reforma incluyó cambios concretos en el mobiliario. Desarmaron la estructura rígida del comedor formal y en su lugar colocaron dos amplios sillones, una televisión y una gran mesa central que la conductora usa como escritorio de trabajo. La mesa cumple un doble rol: sirve de escritorio durante el día y de punto de encuentro en la vida cotidiana de la familia.
El ambiente también está pensado para compartir. Vero Lozano suele estar en ese espacio junto a su hija Antonia, mientras cada una realiza sus propias actividades. La oficina convive así con el uso familiar, sin separaciones entre el trabajo y la vida de casa.
Pese al cambio de función, el cuarto conserva intacta la arquitectura original de la mansión. Siguen en pie los enormes ventanales con cortinados rojizos, los techos altos con molduras y las paredes con texturas francesas clásicas. La combinación entre el diseño de época y el mobiliario actual define el carácter del ambiente: un espacio señorial que se usa todos los días.
El comedor diario se mudó al jardín
El cambio de la oficina al antiguo comedor obligó a reorganizar otros sectores de la casa. El «comedor diario» pasó a ocupar una estructura de hierro y vidrio ubicada en el jardín: un antiguo invernáculo reformado con un estilo rústico y natural, lleno de plantas. Allí las comidas cotidianas ganaron contacto directo con el verde, en uno de los rincones más particulares del predio.
La casona, de estilo francés, mantiene así una lógica de hogar que se recorre entero a diario. Los muebles, entre vintage y actuales, acompañan esa decisión: en el comedor del jardín conviven las plantas con un aire natural y relajado, en línea con lo que la conductora eligió para el resto de los ambientes.
La apuesta de la conductora por los espacios vivibles resume su manera de entender la casa: ambientes que se usan, se desgastan y se disfrutan a diario. Con la oficina instalada en el que fue el comedor formal y las comidas cotidianas mudadas al invernáculo del jardín, cada rincón de la casona de San Isidro cumple hoy una función concreta en la rutina de la familia.



