(BUENOS AIRES).- “Ganar siempre es bueno para mejorar, para crecer, para sumar confianza y esperemos que sigamos ganando más seguido. Queremos seguir disfrutando con la gente”, dijo Álvaro Montero tras su debut oficial como arquero de Boca, en la victoria por 1 a 0 ante O’Higgins en la Bombonera por la Copa Sudamericana. El colombiano no solo aprobó su primer examen bajo los tres palos: durante la formación de los equipos protagonizó un gesto que se volvió viral y despertó curiosidad entre los hinchas.
Montero miró fijo a la cámara y levantó y bajó varias veces el dedo índice de su mano izquierda. Con sus 2,01 metros de altura, la señal fue imposible de disimular. Ese detalle convirtió a Montero en el futbolista de mayor estatura en la historia del Xeneize, 19 centímetros más alto que Leandro Paredes, el segundo del once inicial.
El gesto de Montero llamó la atención porque rompió con la cábala que el arquero había instalado durante su paso por Millonarios. En el fútbol colombiano, el uno solía formar un espiral con los dedos y repetir “magia azul, magia azul” ante las cámaras, un ritual que según el propio jugador conectaba a él, a su hija y a la hinchada, que lo adoptó como propio.
En Boca, Montero varió el movimiento de sus dedos y suprimió el lema. Pero el antecedente de su etapa en Colombia alimenta la expectativa de que pronto acuñe una nueva frase para vincularse aún más con los simpatizantes boquenses. La tribuna ya tomó nota de la seña.
La atajada que sostuvo el cero
Más allá del gesto, Montero tuvo un desempeño correcto y decisivo. La jugada que resume su noche llegó cuando el partido todavía estaba empatado: Martín Sarrafiore sacó un peligroso disparo que el arquero logró contener y evitó que la escuadra chilena se pusiera en ventaja. Fue la intervención que le permitió a Boca mantener el cero hasta el gol de la victoria.
El arquero colombiano completó así un estreno sólido, en un equipo que busca consolidar su funcionamiento en la Copa Sudamericana. Montero dejó en claro que su prioridad es construir una relación estrecha con la gente: la frase que acompañó la victoria y el enigma del dedo índice van en esa misma dirección.
