DEPORTES

Antonio Rattín: el récord insuperable en Boca y su historia con Inglaterra en el Mundial

 

El ídolo xeneize que se sentó en la alfombra de la reina

 
Antonio Rattín
Antonio Rattín

(BUENOS AIRES).- “Yo le mostraba el brazalete de capitán para que llame a los dirigentes y me dice ‘afuera, afuera, afuera’”, contó alguna vez Antonio Rattín, el histórico capitán de Boca y la Selección Argentina que falleció este 11 de julio de 2026 a los 89 años.

Antonio Rattín marcó una época con la camiseta azul y oro. Jugó 14 temporadas consecutivas entre 1956 y 1970, siempre en Boca, y acumuló 382 partidos, 28 goles y 4 títulos. Fue uno de los pocos jugadores de la historia del club en defender una sola camiseta durante toda su carrera, un dato que lo deposita en una selecta lista del fútbol mundial.

En el Mundial de 1966, Antonio Rattín fue capitán de la Selección Argentina en el duelo de cuartos de final contra Inglaterra, el equipo local. Una discusión con el árbitro alemán Rudolf Kreitlein por algunos fallos terminó en una expulsión que se volvió inolvidable. Sin un idioma en común, el diálogo fue imposible: mientras Rattín le mostraba el brazalete para que llamara a los dirigentes, el juez solo repetía “afuera”.

La salida del campo fue una escena de película. “Empecé a caminar, me tiraron chocolates aireados que era una novedad, los comía y cuando llego al banderín del córner y flameaba la bandera inglesa la retorcí y los insulté”, relató el propio Rattín en una entrevista de hace varios años.

Luego se negó a retirarse del todo y protagonizó otra imagen que le dio la vuelta al mundo. “Y cuando soy expulsado me senté en la alfombra de la reina, una alfombra roja, muy bonita”, recordó el ídolo xeneize.

Aquel episodio, impulsado por la barrera idiomática entre el jugador y el árbitro, derivó en un cambio de reglamento histórico. A partir de este precedente se crearon las tarjetas amarilla y roja, que se estrenaron en el Mundial de 1970 con la idea de facilitar la comunicación entre los árbitros y los futbolistas, aun si no hablaban el mismo idioma. Los colores se eligieron, en parte, por el significado universal del semáforo.

Más allá de la anécdota mundialista, el legado de Antonio Rattín en Boca es imborrable. Fue un símbolo de lealtad en una era de potrero y barro, y uno de los últimos grandes caudillos del fútbol argentino. Sus casi cuatro centenares de presencias con la azul y oro y el privilegio de no haber vestido jamás otra camiseta lo convirtieron en un caso excepcional dentro del deporte profesional.