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Boca: Arruabarrena rompió el silencio y cargó contra sus jugadores sin filtro «No me escudo en nadie»

 

“El vestuario es un cementerio”

 
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(BUENOS AIRES).- “El vestuario es un cementerio”. La frase de Rodolfo Arruabarrena después del debut de Boca en el Torneo Clausura graficó el impacto de la derrota por 3-0 frente a Deportivo Riestra. El técnico asumió la responsabilidad y expuso sin filtros el estado anímico del plantel.

“El responsable de esta derrota soy yo”, sostuvo Arruabarrena, quien no buscó escudarse en las rotaciones ni en las ausencias importantes. Para el entrenador, el dolor del vestuario era una señal de que el grupo entendía la gravedad del papelón.

La imagen de Boca en el primer tiempo fue alarmante: recibió tres goles, mostró fallas defensivas, poca intensidad y una escasa capacidad de reacción. La caída encendió todas las alarmas a pocos días de una definición internacional.

Muchos hinchas valoraron la decisión del Vasco de no proteger a los futbolistas y de poner sobre la mesa la crudeza de la actuación. La postura de Arruabarrena fue leída como un gesto necesario para un club donde la exigencia no admite maquillajes. La autocrítica del entrenador ubicó a varios jugadores bajo la lupa, especialmente por los errores cometidos ante Riestra, aunque él eligió plantarse como máximo responsable y exigir una reacción colectiva.

El resultado sorprendió no solo por los tres goles en contra, sino por la imagen que mostró Boca durante los primeros 45 minutos. El equipo nunca logró meterse en partido y terminó sufriendo una derrota que llegó en un momento delicado del calendario. Arruabarrena aseguró que el plantel quedó golpeado y utilizó una imagen contundente al explicar el clima interno.

El desafío en Chile

Ahora Boca debe dar vuelta la página de inmediato. El plantel viaja a Chile para enfrentar a O’Higgins por una instancia internacional decisiva, con la obligación de mostrar una imagen completamente distinta. La derrota ante Riestra obliga a corregir errores que no pueden repetirse en partidos de mayor trascendencia.

Arruabarrena remarcó que no hay margen para lamentarse y pidió una reacción colectiva. El técnico considera que la caída debe servir como aprendizaje y como una advertencia. La apuesta es transformar la bronca del vestuario en una respuesta contundente dentro de la cancha.

El golpe fue fuerte, pero el calendario no permite demasiadas pausas. Boca tendrá que demostrar en Chile si las palabras de Arruabarrena sirvieron como punto de partida para una recuperación o si la derrota ante Deportivo Riestra dejó consecuencias más profundas. La próxima actuación será la oportunidad de cambiar una imagen que encendió todas las alarmas.