DEPORTES

La crisis simultánea de Boca y River: el peor escenario desde 2012 «Son un papelón constante»

 

La última vez que los dos gigantes atravesaron una tormenta juntos fue hace más de una década.

 
Boca
Boca

(BUENOS AIRES).- Boca y River comparten por estas horas un presente de dudas futbolísticas y urgencias que no coincidía desde hace más de una década. La última vez que los dos gigantes del fútbol argentino atravesaron una crisis deportiva al mismo tiempo fue en 2012. La foto actual quedó al desnudo con la dura caída de Boca por 3 a 0 ante Deportivo Riestra, mientras que el Millonario lidia con una caída de rendimiento que encendió interrogantes puertas adentro.

La derrota como visitante dejó expuestos problemas defensivos, falta de generación ofensiva y cuestionamientos sobre varios rendimientos individuales. El entrenador Rodolfo Arruabarrena reconoció la gravedad del golpe y asumió responsabilidades, en la certeza de que el equipo necesita una reacción urgente con los compromisos que se vienen.

En River, el panorama también está cargado de presión. La merma en el funcionamiento colectivo y las dudas que rodean al plantel generaron inquietud sobre el futuro inmediato. La llegada de refuerzos había elevado la expectativa y, con ella, la obligación de competir al máximo nivel, un piso que hoy el equipo no alcanza.

El antecedente inmediato de una tormenta compartida se remonta a 2012, cuando ambos clubes buscaban recuperar protagonismo en medio de procesos de reconstrucción. Después de aquella etapa, River encadenó una transformación profunda con títulos nacionales e internacionales, y Boca también cosechó ciclos de dominio, aunque con mayor recambio de entrenadores y reestructuraciones.

La diferencia con ese pasado es que ahora la presión resulta todavía más intensa. La exigencia de resultados inmediatos, la acumulación de competencias y la exposición mediática permanente hacen que cada traspié se amplifique al instante. Un mal partido puede derivar en horas en una crisis que recorre tapas y programas enteros.

Los dos clubes necesitan reconstruir confianza y demostrar capacidad de reacción. La historia de ambos está repleta de momentos difíciles que terminaron con respuestas deportivas de alto impacto, pero el desafío actual tiene una magnitud poco habitual justamente porque no hay margen para que uno tome aire mientras el otro domina la agenda.

En Boca, la goleada frente a Riestra expuso falencias que venían maquilladas y que ahora obligan a Arruabarrena a revisar nombres y esquema. El plantel sabe que no hay demasiado tiempo: el calendario no da tregua y cada fecha es una final anticipada para un equipo que se propuso pelear en todos los frentes.

River, por su parte, arrastra una irregularidad que contrasta con las expectativas que se generaron tras el mercado de pases. Los refuerzos llegaron con la misión de elevar la vara, pero el funcionamiento colectivo todavía no encontró la sintonía que el hincha reclama en cada presentación.

Lo inmediato será la prueba de fuego. Las próximas fechas definirán si esta coincidencia queda apenas como una racha adversa que se supera con un par de triunfos, o si se convierte en el inicio de un proceso de cambios mucho más profundos para los dos equipos más populares del país.