(BUENOS AIRES).- «Le mandé un mensajito». Con esa frase, Maxi Meza reveló que contactó a Esequiel Barco para intentar convencerlo de que regrese a Independiente desde River.
El volante del Rojo respondió así ante la pregunta de un periodista que le planteó si su llegada al club podía funcionar como imán para otros jugadores que supieron vestir la camiseta. Sin vueltas, Meza admitió el contacto y dejó en claro que ya se movió.
Sin embargo, el futbolista surgido en las inferiores de Independiente puso paños fríos de inmediato. «Mirá. Obviamente que nada, me deseo lo mejor, y bueno, sé que es todo más complicado, por la edad por todo lo que tiene en camino por jugar él está en un lugar donde invirtieron mucho también por él entonces creo que es complicado», explicó Meza.
La referencia apunta directo a la realidad de Barco en River, el club que hoy tiene sus derechos. El mediocampista ofensivo de 25 años fue una apuesta fuerte del Millonario, que invirtió una cifra millonaria para quedarse con su ficha. Esa inversión, sumada a la edad y al recorrido que todavía tiene por delante, convierte cualquier negociación en un escenario complejo.
Pese a los obstáculos, Meza no tira la toalla. «Nunca hay que perder esa esperanza de que algún día pueda volver, sé que está con ganas», sostuvo el volante. Y remarcó que cualquier gestión valdrá la pena: «Siempre que haga el intento va a ser algo positivo para todos nosotros y la gente lo va a valorar eso».
Barco pasó por Independiente entre 2016 y 2018, período en el que disputó 56 partidos, marcó 5 goles y se consagró campeón de la Copa Sudamericana 2017 bajo la conducción de Ariel Holan. Su rendimiento en el Rojo le valió la transferencia a Atlanta United de la MLS y, más tarde, el desembarco en River, donde se consolidó como una de las piezas ofensivas del equipo.
Hoy, con Meza como nuevo referente del plantel de Avellaneda, el mensaje ya está enviado. Por ahora, la posibilidad de una vuelta sigue siendo más un deseo que una realidad concreta, pero el primer paso ya está dado. La ilusión, al menos, quedó plantada.
