(BUENOS AIRES).- Un gesto de dolor de Leandro Paredes que la transmisión televisiva casi no registró encendió las alarmas en Boca, pero el propio capitán despejó las dudas tras el triunfo por 1 a 0 ante O’Higgins, por la Copa Sudamericana.
La jugada se dio en una disputa con el delantero chileno Arnaldo Castillo. Paredes cayó sobre su costado izquierdo y de inmediato se llevó la mano a la zona de las costillas, con una mueca que evidenciaba dolor. La imagen pasó casi desapercibida para las cámaras, aunque entre los hinchas la preocupación ya tenía un antecedente concreto: el mediocampista había terminado el Mundial 2026 con una fisura en una de sus costillas.
A pesar del golpe, el volante no pidió el cambio y completó los 90 minutos. Además, resultó determinante para el resultado al darle una asistencia a Miguel Merentiel en la única conquista de la noche, que le dio al Xeneize una ventaja valiosa en la serie.
Luego del encuentro, Paredes habló ante los medios y llevó calma. Reconoció que tuvo días complicados después del Mundial, pero aseguró que la evolución es positiva y que pudo manejar la molestia con los tratamientos correspondientes.
El contexto agranda la figura del capitán: apenas unos días después de disputar la final del mundo con la Selección Argentina, se subió a un avión y se puso a disposición del equipo que dirige Rodolfo Arruabarrena para ser titular en La Bombonera, sin margen de descanso y con la fisura todavía presente.
El regreso que ilusiona a Boca
Paredes volvió a ponerse la camiseta azul y oro con todos los condimentos de una historia de amor por el club. La secuencia fue vertiginosa: jugó la final del Mundial 2026, regresó rápidamente al país y en pocos días ya estaba en cancha como titular. El desgaste físico era evidente, pero el mediocampista nunca puso excusas.
En Boca sabían que el jugador arrastraba la lesión desde la competencia con la Selección. Trascendió que había disputado varios encuentros del Mundial con esa molestia, sin que eso le impidiera rendir al máximo nivel. La misma actitud repitió ante O’Higgins: no especuló con el dolor y fue una de las figuras del equipo.
El rendimiento del capitán frente al conjunto chileno ratificó por qué se transformó rápido en una pieza central para Arruabarrena. Manejó los tiempos del partido con la jerarquía que mostró durante años en el fútbol europeo y dejó una asistencia brillante que terminó en el gol de Merentiel. Los hinchas de Boca lo despidieron con una ovación cerrada.
De cara a los próximos compromisos, el cuerpo técnico seguirá de cerca su evolución física. La intención es contar con Paredes en plenitud, ya que su presencia cambia el funcionamiento del equipo y le da al Xeneize un salto de calidad en la mitad de la cancha. Por lo pronto, el capitán dejó una postal que resume su regreso: dolor, esfuerzo y la misma calidad de siempre para marcar diferencias.
