(BUENOS AIRES).- Leandro Paredes se presentó este martes en Boca Predio, entrenó a la par del grupo y se puso a disposición de Rodolfo Arruabarrena para jugar el jueves ante O’Higgins por la Copa Sudamericana, apenas 52 días después de su última noche con la camiseta de Boca y con una pequeña fisura en las costillas que arrastra del Mundial.
Menos de 12 horas después de ser recibido en su casa de Canning por sus vecinos —tras el multitudinario paseo por la autopista Ricchieri junto al resto de los subcampeones mundiales— el capitán se subió al predio de Ezeiza para sumarse a sus compañeros. Ni el cansancio ni la lesión frenaron su vuelta. Leandro Paredes volvió a pisar el césped de Boca Predio con la misma urgencia que mostró en cada regreso: sin dormir, sin descanso y sin quejas.
La jornada en el predio arrancó con una recorrida que incluyó el comedor, donde el volante se reencontró con el plantel, la cocina para saludar al personal y la zona de canchas, antes de meterse en una oficina para una serie de reuniones. La más importante fue el primer contacto cara a cara con Rodolfo Arruabarrena, el entrenador que asumió en su ausencia y con quien ya mantenía un diálogo permanente. El club reflejó el regreso de Paredes con un video en sus redes oficiales que muestra al jugador saludando a cada empleado y compañero.
La chance de jugar el jueves
El volante terminó el Mundial jugando los últimos partidos con un problema en las costillas y los estudios confirmaron una pequeña fisura. El cuerpo médico de Boca lo evaluó ni bien llegó y, aunque reconocieron la lesión, no hubo oposición extrema para darle luz verde si el propio jugador siente buenas señales de su cuerpo. El propio Leandro Paredes le restó importancia al cuadro, priorizó su voluntad de aportar y dejó en claro que la fisura no lo va a detener.
Paredes se movió a la par del resto del grupo en la práctica y le transmitió a Arruabarrena que quiere estar el jueves, aún a riesgo de hacerlo condicionado. La decisión la tomará el entrenador junto a sus colaboradores y al cuerpo médico en las horas que faltan para el encuentro.
El antecedente inmediato refuerza su voluntad. La última vez que Leandro Paredes vistió la azul y oro fue hace 52 días exactos, en su despedida antes del Mundial: aquella noche jugó con una molestia ante Universidad Católica y, sin escalas, partió directo a la concentración con la Selección. Ahora, el camino inverso lo deposita de nuevo en su casa para seguir escribiendo una historia en base a un esfuerzo descomunal.
El partido de ida ante O’Higgins se disputa el jueves por la Copa Sudamericana y la presencia del capitán quedará definida sobre el cierre. Mientras tanto, Paredes ya dejó en claro que su prioridad uno, dos y tres se llama Boca.
