DEPORTES

El cálido saludo de Arruabarrena con los Mellizos previo al Boca-Vélez

 

El técnico xeneize fue al banco del Fortín para saludar a los Mellizos, en una jornada marcada por el reconocimiento de la hinchada.

 
Rodolfo Arruabarrena
Rodolfo Arruabarrena

(BUENOS AIRES).- Rodolfo Arruabarrena fue directo hacia Guillermo y Gustavo Barros Schelotto en la previa del partido entre Boca y Vélez, en el Ducó. El Vasco, actual entrenador del Xeneize, se quedó unos segundos charlando con los Mellizos, hoy al frente del Fortín, mientras la hinchada xeneize ya lo había aplaudido a Guillermo cuando la voz del estadio anunció su nombre.

Arruabarrena se acercó hasta el banco de suplentes visitante y, después de saludar a Guillermo y a Gustavo, siguió uno por uno con todos los integrantes del cuerpo técnico de Vélez. El encuentro fue breve: apenas unos segundos de charla y un apretón de manos entre viejos conocidos. "Un saludo breve, unos segundos de charla y el reencuentro entre dos viejos compañeros que tienen una historia enorme en común", describieron las fuentes.

La demostración de cariño más ruidosa había ocurrido minutos antes. Cuando la voz del estadio nombró a Guillermo Barros Schelotto, toda la hinchada de Boca le respondió con un aplauso cerrado. Fue un reconocimiento espontáneo para uno de los grandes ídolos de la historia reciente del club. El propio Arruabarrena no fue ajeno a ese gesto: como actual conductor del plantel, sabe lo que significa Guillermo para los hinchas.

Sin embargo, no hubo ovación tradicional ni homenaje oficial. Al jugarse el partido en el Ducó, el Mellizo apareció en el campo recién cuando los dos equipos ya estaban listos para salir a la cancha, por lo que no vivió el cruce de los entrenadores sobre el césped. Boca no le entregó una plaqueta ni preparó ningún acto formal en su honor, un detalle que llamó la atención entre quienes esperaban un reconocimiento institucional para uno de los máximos referentes de la historia xeneize.

Compañeros en la era de Bianchi

Arruabarrena y Guillermo compartieron vestuario en Boca entre 1997 y 2000, durante los primeros años del ciclo de Carlos Bianchi. Juntos disputaron 97 partidos, ganaron 57 y levantaron tres títulos: los Clausuras 1998 y 1999 y la Copa Libertadores 2000. Esa sociedad en la defensa y el ataque del equipo de Bianchi forjó un vínculo que todavía hoy se nota en el respeto mutuo.

El fútbol también los unió en un capítulo distinto. En 2016, apenas tres días después de la derrota 0-4 ante San Lorenzo por la Supercopa Argentina, el ciclo del Vasco como entrenador de Boca terminó y Guillermo fue elegido como su reemplazante. Aquella transición, traumática para Arruabarrena, marcó el único antecedente de un cruce entre ambos, aunque no como técnicos de equipos rivales. Nunca volvieron a enfrentarse en ese rol hasta ahora, en el Ducó, con el abrazo que los reencontró.

El aplauso de la gente quedó como la principal muestra de afecto en una noche en que Guillermo volvió a estar cerca de Boca, aunque esta vez desde la vereda de enfrente. "El aplauso de la gente quedó como la muestra de cariño de una noche en la que Guillermo volvió a estar cerca de Boca, aunque esta vez desde enfrente", resumió la crónica del encuentro. El saludo con Arruabarrena, fugaz pero cargado de historia compartida, cerró un reencuentro que el público xeneize acompañó con un gesto de memoria y gratitud.