(BUENOS AIRES).- “Hoy no soy un entrenador, soy un seleccionador que elige a los jugadores para el partido siguiente”, dijo Rodolfo Arruabarrena tras el empate de Boca ante Newell’s, y la frase expuso la dificultad de fondo del equipo en este tramo de la temporada. El Vasco reconoció que la seguidilla de partidos lo obliga a administrar cargas y a armar cada once con poco margen de trabajo.
“No hay tiempo para lamentos y para el trabajo. Muchas veces el trabajo es una charla y un video, más cuando jugás cada tres o cuatro días”, explicó el entrenador. Con ese diagnóstico, dejó claro que el contexto lo fuerza a priorizar la recuperación y el análisis puntual por sobre la construcción de una idea de juego.
La declaración llegó luego de un partido que volvió a mostrar inconsistencias. Boca tuvo un primer tiempo destacado, pero sufrió en el complemento y terminó igualando. Esa irregularidad es justamente la que el cuerpo técnico intenta corregir, aunque sin tiempo de cancha.
Arruabarrena ya había justificado la falta de rotación ante O’Higgins por la confianza que tiene en el plantel. Frente a Newell’s volvió a dar espacio a jugadores como Leonardo Flores y Tomás Aranda, dos juveniles que respondieron bien y que aparecen como variantes para aliviar la carga. La gestión del plantel será clave en una etapa donde los partidos se acumulan sin pausa.
El técnico entiende que el contexto no es el ideal para desarrollar entrenamientos extensos y profundizar conceptos tácticos. Con encuentros cada pocos días, Boca debe enfocarse en corregir errores puntuales mediante charlas, análisis de video y trabajos específicos. “Es lo que hay, asumí esto y no tengo por qué esconderme”, afirmó el Vasco, resaltando su responsabilidad en el momento. Lejos de excusarse, asumió el desafío de competir partido a partido con las herramientas que ofrece el calendario.
La defensa, una alarma sin tiempo de trabajo
Sin embargo, la defensa sigue siendo una preocupación central. Los goles recibidos y las desconcentraciones preocupan al cuerpo técnico, que busca soluciones rápidas mediante charlas y videos porque los entrenamientos intensos no entran en la grilla. Arruabarrena sabe que Boca debe mejorar en ese aspecto y que el margen para corregir será limitado mientras la seguidilla de partidos continúe.
La confesión del Vasco refleja una problemática que varios entrenadores suelen remarcar en calendarios cargados: la falta de tiempo para entrenar. En clubes grandes, donde la obligación es competir en todos los frentes, el trabajo semanal queda reducido a preparar el próximo partido. Para Arruabarrena, el desafío pasa por encontrar soluciones rápidas y lograr que el equipo mantenga una identidad más allá de los nombres que ingresen.
Boca necesita resultados inmediatos, pero también construir una identidad futbolística. Arruabarrena asumió el desafío y ahora deberá encontrar el equilibrio entre gestionar la fatiga y sostener un rendimiento que todavía no aparece durante los 90 minutos. Con partidos cada tres días, las charlas y los videos seguirán siendo su principal espacio de entrenamiento mientras el equipo busca dar un salto futbolístico.
