(BUENOS AIRES).- «Antes tiraba jugadores y ahora tiro casas», repite con humor Facundo Imboden, ex defensor que llegó a debutar en la Primera de Boca Juniors de la mano de Carlos Bianchi y que hoy, a los 46 años, conduce una empresa de demoliciones en Castelar. La frase resume un giro de vida tan drástico como inesperado.
Imboden llegó a Boca con apenas nueve años tras destacarse en Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, su club de origen. En las infantiles fue goleador como delantero, pero después retrocedió en la cancha: pasó a lateral izquierdo y terminó de consolidarse como marcador central. Con Bianchi en el banco cumplió el sueño del debut en Primera y compartió plantel con figuras como Juan Román Riquelme, Martín Palermo y Jorge Bermúdez.
Años después volvió a vestir la camiseta azul y oro en el equipo senior. Allí fue campeón en la Bombonera junto a históricos como Roberto Abbondanzieri, Hugo Ibarra, Raúl Cascini, Matías Donnet y Daniel «Cata» Díaz. En 2006, mientras jugaba en Universidad Católica de Chile, integró el equipo que disputó un amistoso con Diego Maradona. Antes del partido, el propio Imboden le consiguió los botines al Diez y luego compartieron una cena. «Me reconoció y sabía perfectamente en qué equipos había jugado. Después cenamos juntos y escucharlo contar historias de la Selección y de su carrera fue algo inolvidable», recordó.
La carrera profesional se cortó de golpe en 2012. Imboden estaba en Deportivo Cuenca de Ecuador cuando su padre sufrió un infarto. Regresó de inmediato a la Argentina para acompañar a su viejo y nunca más volvió al fútbol de alto rendimiento. Sin experiencia en el rubro, tomó la agenda paterna y empezó a aprender desde abajo el oficio de la demolición.
«Hoy manejo la empresa. Empecé aprendiendo desde abajo, acompañando a mi viejo y a los capataces. Ahora coordinamos obras para dejar los terrenos listos para nuevos edificios o viviendas», explicó. Su rutina arranca antes de las seis de la mañana supervisando obras y sigue por la tarde en el club GEI de Ituzaingó, donde coordina a cinco profesores y trabaja con chicos de entre 4 y 12 años.
En el club que lo vio nacer, su prioridad no es detectar futuras estrellas sino que los chicos disfruten del deporte y sumen valores para la vida. Lejos del alto rendimiento, Imboden asegura que disfruta por igual de dirigir una demolición y de enseñarle fútbol a los más pequeños.
Con esa mezcla de pasado xeneize y presente sobre los escombros, Facundo Imboden cierra el círculo de una vida que pasó de la Bombonera a la obra, siempre con la misma pasión. Y entre amigos, la frase que mejor lo define: «Antes tiraba jugadores y ahora tiro casas».
