(BUENOS AIRES).- “Esta propuesta no avanzará”, anunció Gianni Infantino y con esas palabras el presidente de la FIFA dio de baja el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), la iniciativa que buscaba abrir al capital privado la explotación comercial de los Mundiales y que desató un cisma sin precedentes con la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática. La marcha atrás llegó después de una semana de presión coordinada que incluyó amenazas de boicot a los torneos de la casa madre y pedidos públicos de revisión del liderazgo del dirigente suizo.
El plan, presentado por Infantino a fines de julio, contemplaba crear una filial valorada en 20.000 millones de dólares para gestionar los derechos de televisión, patrocinios, entradas y licencias de las Copas del Mundo y los Mundiales de Clubes. Preveía que el 20% de la nueva sociedad quedara en manos de inversores privados, una participación minoritaria pero suficiente para encender las alarmas en las confederaciones. La FIFA había estimado que solo este año la FFE generaría ingresos por 4.200 millones de dólares y que, a través del programa paralelo FIFA Fast Forward Programme, reuniría más de 10.000 millones en el próximo ciclo para distribuir entre las 211 federaciones miembro.
La reacción más dura llegó desde Europa. La UEFA emitió un comunicado en el que amenazó con retirar a todas sus selecciones de las competencias de la FIFA: “Ninguna selección nacional de la UEFA participará en ninguna competición de la FIFA mientras estas propuestas sigan vigentes”. Además fue lapidaria con Infantino: “El fútbol no está a la venta”, sentenció, y calificó el intento como un “acuerdo turbio, urdido a puerta cerrada y opaco”. Su presidente, Aleksander ?eferin, sostuvo que “no debería descartarse ninguna opción” y que la actual dirección de la FIFA perdió la confianza de Europa y de muchos otros miembros de la familia del fútbol.
El malestar se extendió a otras latitudes. Las 41 federaciones de la Concacaf expresaron su “profunda preocupación por la falta de garantías procesales” y el plazo artificialmente corto impuesto por la FIFA, mientras que la Confederación Asiática de Fútbol consideró que la propuesta no podía alcanzar el consenso necesario. La Conmebol, en tanto, evitó un pronunciamiento de fondo y se limitó a pedir información adicional: convocó a una reunión de su Consejo y solicitó a la FIFA aclaraciones sobre el alcance, la gobernanza y los posibles efectos del proyecto, en línea con el comunicado en el que remarcó que “el fútbol siempre está primero”.
La crisis también hizo mella en la estructura de la FIFA. Carlos Cordeiro, principal asesor de Infantino y representante del organismo ante la Casa Blanca para el Mundial, renunció el mismo viernes. En paralelo, el director de operaciones de la organización, Kevin Lamour, aseguró que el personal había sido “engañado” por la falta de transparencia y que se trató de una iniciativa impulsada por una sola persona. Lamour pidió que los dirigentes del fútbol mundial empiecen a tomar decisiones sobre el futuro liderazgo de la entidad.
El desenlace se precipitó en términos numéricos: para aprobar el FFE, Infantino necesitaba al menos 106 votos de las 211 federaciones, pero UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática ya sumaban 136 en contra. El propio presidente de la FIFA había defendido el proyecto en un video difundido el 29 de julio, donde prometió aumentar la financiación a cada federación de 8 a 20 millones de dólares por ciclo —un incremento del 150% garantizado a partir del 1° de enero de 2027— y lo presentó como “una oportunidad que las federaciones miembro de la FIFA decidirán democráticamente”.
La retirada del plan deja abierta la pulseada por la continuidad de Infantino. El plazo para presentar candidaturas a la presidencia vence el 18 de noviembre y la elección está prevista para marzo de 2027 en Rabat, Marruecos. Aunque los estatutos le habilitan un nuevo mandato de cuatro años, el episodio expuso un desgaste inédito: ya no se discute solo un proyecto empresarial, sino la permanencia del hombre que conduce la FIFA desde 2016 y que ya había tenido que archivar otras dos iniciativas fallidas, como la Copa del Mundo cada dos años.
