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Hace 30 años: la racha maldita de Maradona con los penales en Boca

 

El 10 contó la historia detrás de sus cinco penales fallidos y su gesto con Rambert.

 
Diego Armando Maradona
Diego Armando Maradona

(BUENOS AIRES).- “Prefiero que me insulten a mí antes que a un compañero”, le dijo Diego Armando Maradona a Sebastián Rambert después de cederle un penal en 1997, un gesto que nació del calvario que el 10 había vivido un año antes. Hoy se cumplen 30 años de la noche del 7 de agosto de 1996 en que Diego Armando Maradona falló su quinto penal consecutivo con la camiseta de Boca en el Clausura 1996, una racha inédita que empezó ante Newell’s y terminó contra Racing con una derrota que despidió al equipo de la lucha por el título.

Los cinco remates desde los once metros —contra Newell’s, Belgrano, Central, River y Racing— tuvieron un costado paradójico: Boca ganó tres de esos partidos pero dejó escapar al menos cuatro puntos que, a la postre, lo relegaron al quinto puesto, a siete del campeón Vélez. Dos de las ejecuciones de Diego Armando Maradona se estrellaron en los palos, dos fueron atajadas por los arqueros y una terminó en córner.

Los cinco fallos consecutivos

La pesadilla comenzó el 13 de abril de 1996, en la 6ª fecha y en el Coloso del Parque. El árbitro Daniel Giménez sancionó un penal por una supuesta falta de Iván Gabrich sobre Néstor Fabbri y Diego Armando Maradona remató a la derecha de Christian Cejas: el balón dio en el palo y Giménez, en otro error, cobró córner. Apenas instantes después, Hernán Franco adelantó a la Lepra y la noche se tornó negra para el 10, que sufrió un desgarro y fue reemplazado a los 36 minutos por Walter Pico. La derrota 1-0 desencadenó una mini crisis: Boca no ganó en las tres fechas posteriores y en ese lapso cayó 6-0 ante Gimnasia en la Bombonera.

El equipo se recuperó con tres triunfos al hilo y el 9 de junio, en la 12ª jornada, recibió a Belgrano. Al minuto del complemento, el juez Luis Olivetto pitó otro penal dudoso; Diego Armando Maradona ejecutó otra vez a la derecha del arquero César Labarre, pero el remate fue tan débil que Labarre desvió al córner. El propio Diego se reivindicaría más tarde con un zurdazo de emboquillada para el 2-0, su último gol de jugada como profesional. Sin embargo, tras el encuentro no ocultó su frustración: “Entiendo que todos nos podemos equivocar pero errar dos penales seguidos no me lo perdono”.

La secuencia no se cortó allí. Después de la goleada 5-1 que Boca sufrió ante Vélez —donde Diego Armando Maradona encaró a Javier Castrilli al grito de “Maestro, ¿pero usted está muerto?”— y una fecha de suspensión, el 10 regresó el 29 de junio para visitar a Central en Rosario. Cambió de palo y le pegó a la izquierda de Hernán Castellano, pero el arquero tapó el remate y también el rebote. Como un presagio, minutos más tarde Juan Sebastián Verón también falló un penal para Boca. Tras el 1-0 final, Maradona le regaló su camiseta a Castellano.

El cuarto capítulo llegó en el Superclásico del 14 de julio, en una Bombonera que ya sabía que River venía de ganar la Copa Libertadores. Germán Burgos había provocado: “Ojalá que sea como (Antonio) Roma a Delem, pero al revés”. Y con el equipo de Bilardo 3-0 arriba, el árbitro Aníbal Hay sancionó un penal a favor de Boca por una supuesta infracción a Alphonse Tchami. Diego Armando Maradona ejecutó a la derecha de Burgos y, nuevamente, la pelota pegó en el palo. Esta vez el desenlace fue menos amargo: Claudio Caniggia capturó el rebote y puso el 4-0 antes de que Gabriel Amato decorara el 4-1 definitivo. Aquella noche, Diego y Cani festejaron el 1-0 de José Basualdo con un piquito que quedó en la historia.

Boca llegó a la recta final del torneo segundo junto a Gimnasia, a un punto de los líderes Lanús y Vélez. La ilusión se derrumbó el miércoles 7 de agosto, en Avellaneda. Claudio “Piojo” López, que se despedía de Racing para marcharse al Valencia, abrió el marcador a los 37 del complemento. Cinco minutos más tarde, Francisco Lamolina —padre de Nicolás— dio penal para Boca y Diego Armando Maradona asumió la responsabilidad. Nacho González se estiró a su izquierda y contuvo el remate. La derrota 1-0 fue la lápida del campeonato.

La noche anterior, Vélez había goleado 4-1 a San Lorenzo —con un recordado cruce entre Oscar Ruggeri y José Luis Chilavert— y le sacó cuatro puntos de ventaja a Boca cuando quedaban seis en disputa. Al término del partido le preguntaron al 10 si el título se había perdido y Diego Armando Maradona respondió con una sola frase: “Creo que sí”. Fue su última presentación en ese Clausura, tras lo cual se ausentó de las canchas por casi un año.

El pedido de disculpas a Rambert

Diego Armando Maradona volvió a vestir la azul y oro en julio de 1997, primero en un amistoso frente a Newell’s y después en un partido oficial, otra vez contra Racing. El 18 de agosto, en un ensayo ante la Universidad Católica que acabó 3-2 a favor de los chilenos, coincidió por primera vez con Juan Román Riquelme y Diego Latorre. Ante un penal, la Bombonera pidió por el 10, pero él le entregó la pelota a Sebastián Rambert. El destino fue cruel: el arquero Álex Varas le atajó el remate.

Rambert reconstruyó aquella escena: “Hasta ese entonces, los penales los pateaba yo, hasta que vino Maradona. Yo los hacía. No tenía un penal errado. Maradona había errado varios y prometió que no pateaba más. Era un quilombo: la Bombonera gritando 'Maradooo'. Para mí era hacer todo lo más lento posible hasta que diga: 'Dame, lo pateo yo'. Pero Diego me aplaudía. Toda la gente quiere que lo patees vos, lo pateo yo y lo erro”. La anécdota no terminó ahí. A la semana, Guillermo Cóppola, representante de Maradona, le avisó que Diego quería hablar. Según contó Rambert, el 10 lo citó y le dedicó una disculpa que lo pintó de cuerpo entero: “Te quiero pedir disculpas. No sabés lo mal que me sentí después del partido. Esto no se va a volver a repetir. Yo prefiero que me puteen a mí a que tengan que putear a un compañero mío por culpa mía”.

Seis días después de aquel amistoso, en el debut del Apertura 1997 ante Argentinos, Boca volvió a tener un penal. Esta vez Diego Armando Maradona lo pateó y lo convirtió para el 3-1 parcial, en lo que fue su anteúltimo gol. Lo festejó con una vuelta carnero y trepándose al alambrado, aunque tras el partido un control antidoping le dio positivo por tercera vez. Superado aquel laberinto judicial, el 14 de septiembre frente a Newell’s transformó desde los doce pasos el último tanto de su carrera —el 2-1 definitivo— y dejó atrás para siempre la racha maldita.