(BUENOS AIRES).- «Nos enseñaron que querían ganar». Claude Makélélé, exmediocampista del Real Madrid, volvió a hablar sobre la final de la Copa Intercontinental en la que Boca lo derrotó 2-1 en Japón y resumió de esta manera el impacto que le produjo aquel equipo argentino. Su frase revaloriza una de las conquistas internacionales más recordadas de la historia del club.
La declaración del francés tiene un peso especial porque viene desde el otro lado de aquella final. Makélélé formaba parte de un plantel del conjunto español plagado de estrellas y de enorme jerarquía individual, que llegaba a la definición como uno de los grandes favoritos de la época. Según su recuerdo, el conjunto argentino arribó a Japón con una idea muy clara y transmitió desde el comienzo que estaba dispuesto a competir por el título.
En la cancha, el equipo dirigido por Carlos Bianchi marcó el rumbo del partido de entrada. Martín Palermo convirtió los dos goles de Boca en los primeros minutos, una ventaja que el conjunto argentino sostuvo durante buena parte del encuentro. Roberto Carlos descontó para el equipo español, pero la diferencia quedó firme y el título viajó a la Argentina.
El respeto que quedó en el rival
El triunfo consolidó además el ciclo de Bianchi como uno de los períodos más exitosos de la historia de Boca. El club volvió a levantar una Copa Intercontinental y, con eso, sumó un capítulo que los hinchas xeneizes siguen recordando más de dos décadas después. Aquella noche japonesa marcó para siempre la trayectoria internacional de la institución.
Para el exvolante, aquella experiencia dejó una impresión que mantiene con el paso de los años. Su mirada apunta menos al resultado y más a la actitud: el equipo de Bianchi afrontó la final sin resignarse ante la jerarquía del rival y dejó en claro que no estaba dispuesto a ceder el título por los nombres que tenía enfrente. Ese mensaje, para Makélélé, fue lo que definió el encuentro.
Las palabras del francés funcionan como un reconocimiento hacia aquel plantel argentino. El respeto no surgió únicamente de la derrota, sino de la forma en la que Boca se presentó en un partido que, para el Real Madrid, representaba la defensa de la supremacía europea. La mentalidad mostrada en Japón quedó grabada en quienes estuvieron dentro de la cancha y reaparece cada vez que se repasa aquella definición.
El recuerdo de Makélélé vuelve a poner el foco en una cuestión que trascendió los dos goles de Palermo. El equipo de Bianchi llegó convencido de que podía ganar frente a un rival lleno de figuras mundiales y lo demostró, hasta el punto de que su propio adversario lo reconoce hoy. Aquella Intercontinental continúa siendo, más de veinte años después, una de las grandes memorias internacionales de Boca.
