(BUENOS AIRES).- Agustín Marchesín puede convertirse en la próxima baja de Boca de cara a 2027: el arquero termina contrato el 31 de diciembre de 2026 y, por el momento, decidió irse en enero si no recibe una propuesta concreta para extenderlo. Su situación se suma a la de Milton Giménez, otro de los futbolistas cuyo futuro en el club aparece en discusión en medio del armado del plantel de Rodolfo Arruabarrena.
El vínculo del arquero con el Xeneize vence el último día de diciembre de 2026 y, si no surge una renovación, el jugador podrá comenzar a negociar directamente con otra institución. La dirigencia todavía tiene margen para cambiar el escenario durante los próximos meses, aunque hoy no existe una oferta sobre la mesa.
Marchesín llegó a Boca a comienzos de 2025 y rápidamente se transformó en una de las alternativas principales para defender el arco. Su presente cambió durante abril, cuando sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha en el partido frente a Barcelona de Guayaquil por la Copa Libertadores. Desde entonces atraviesa un extenso proceso de recuperación.
Su regreso a las canchas todavía no tiene fecha definitiva. La proyección indica que podría volver sobre el cierre de 2026, aunque una reaparición completa recién se estima para la pretemporada de enero de 2027. Ese escenario condiciona la decisión del club, porque una eventual renovación implicaría apostar nuevamente por un arquero que viene de una lesión de larga duración.
Mientras tanto, el panorama en el puesto se modificó. La llegada de Álvaro Montero le dio a Arruabarrena otra alternativa de experiencia y el colombiano pasó a ocupar un lugar importante en la consideración del entrenador. Leandro Brey, por su parte, continúa formando parte de la consideración del cuerpo técnico y representa una opción para el futuro del arco de Boca.
La diferencia con Giménez
La situación de Marchesín se suma a la de Milton Giménez, cuyo futuro también está en discusión y estaría relacionado con una posible venta. La diferencia entre ambos casos es que, en el del arquero, Boca podría perderlo sin recibir dinero por una transferencia si finalmente no hay acuerdo antes del vencimiento de su contrato. En cambio, una salida de Giménez podría generar ingresos para la institución.
La última palabra quedará en manos de Juan Román Riquelme, que deberá resolver qué hacer con una figura que todavía tiene varios meses de vínculo por delante. Dentro del club se maneja incluso la posibilidad de una renovación bajo condiciones económicas diferentes a las actuales, una salida intermedia que permitiría retener al arquero mientras Arruabarrena continúa definiendo su equipo de cara al proyecto 2027. La decisión no admite demasiada demora: si antes del 31 de diciembre de 2026 no hay firma, Boca perdería a uno de sus arqueros principales en libertad de acción y sin ninguna compensación a cambio.
