(BUENOS AIRES).- La pechuga de pollo tiene fama de quedar seca, pero con la receta correcta se vuelve jugosa y llena de sabor. Sin complicaciones y con pocos ingredientes, hay tres formas de prepararla que la transforman en una opción rápida para resolver el almuerzo o la cena, y las tres comparten un mismo secreto de cocción.
Antes de meter manos a la masa, conviene tener en cuenta la regla que sirve para todas las versiones: «no cocinar la pechuga de más porque, al ser magra, pierde humedad rápidamente cuando permanece demasiado tiempo sobre el fuego o dentro del horno», explicó Daniela Brea. También ayuda que todas las partes tengan un grosor similar, para que la carne se cocine de manera pareja y no hayan pedazos que queden crudos por un lado y resecos por el otro.
Con limón y ajo, la más fácil
Para esta versión, dos pechugas alcanzan: se necesitan 2 dientes de ajo, el jugo de medio limón, un chorrito de aceite, sal, pimienta y, si hay en casa, un poco de orégano o pimentón. Es la alternativa ideal cuando querés resolver una comida rica sin pasar mucho tiempo en la cocina.

La preparación es simple. Primero cortá las pechugas al medio, de manera que queden más finas y con un grosor parejo. Mezclalas con el ajo picado, el limón, el aceite y los condimentos, y dejalas unos minutos para que tomen sabor. Después van directo a una sartén bien caliente, donde se cocinan de ambos lados hasta que estén doradas y completamente cocidas en el centro.
Acá aparece el truco que hace la diferencia: «El secreto está en retirarlas apenas estén listas y dejarlas descansar unos minutos antes de cortarlas. Así conservan mucho mejor sus jugos», detalló Brea. Un paso de dos minutos que evita que todos los jugos se vayan a la tabla de corte.
La segunda opción es al horno con mayonesa y mostaza. Para esta receta se necesitan pechugas de pollo, dos cucharadas de mayonesa, una cucharada de mostaza, sal, pimienta, algún condimento que tengas a mano y, si te gusta, ajo picado. Se mezclan la mayonesa y la mostaza y se cubren bien las pechugas con esa preparación antes de llevarlas al horno precalentado a temperatura media-alta.
La cobertura hace doble trabajo: actúa como una capa que conserva la humedad de la carne mientras se cocina y, además, deja una superficie dorada y sabrosa. Para completar el plato se pueden sumar papas, batatas, cebolla o las verduras que haya en la heladera, y así sale todo junto en una sola fuente.
La tercera alternativa es la pechuga rellena, que además sirve para aprovechar sobrantes. Se corta cada pechuga de manera horizontal, sin llegar a separarla por completo, y se coloca en el centro queso, jamón, espinaca, tomate o unas verduras salteadas que hayan quedado de otra comida. Se cierra bien y se sujeta con palillos para que el relleno no se escape durante la cocción. Después se dora en una sartén con un poco de aceite y se termina a fuego bajo con la sartén tapada, aunque también puede ir al horno. El queso derretido en el interior ayuda a que la carne quede mucho más tierna.
Con una buena cocción y algún ingrediente que aporte humedad o grasa, la clásica pechuga deja de ser una comida aburrida y se convierte en un plato que vuela de la mesa. Elegí tu versión favorita y probá una de estas recetas sí o sí.
