(BUENOS AIRES).- “Creo que buscaríamos desescalar antes de llegar tan lejos”, dijo Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, al referirse a la tensión entre Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas. El 1 de octubre de 2026, planteó que Washington intentaría evitar que la disputa derivara en una confrontación mayor.
Waltz respondió así al ser consultado sobre una eventual acción en la región y sobre si Estados Unidos acudiría en ayuda del Reino Unido. “esa es una decisión que le corresponde”, dijo sobre quién definiría una intervención, en referencia a Donald Trump. También dejó cualquier decisión sobre apoyo adicional en manos de la Casa Blanca y del presidente: “En términos de cualquier clase de apoyo más allá de eso, se lo dejaré a la Casa Blanca y al presidente”.
El embajador respaldó su llamado a la moderación con una referencia a los vínculos de Washington con los dos países. Describió a Argentina como “un gran amigo” y afirmó que “obviamente existe una relación especial con el Reino Unido”. Waltz señaló así las relaciones que Estados Unidos mantiene con ambas partes mientras crece la controversia.
Waltz evitó fijar una posición oficial de Estados Unidos sobre la soberanía de las islas y no anticipó qué respuesta adoptaría la administración de Trump. En la misma conversación, defendió el vínculo entre el presidente estadounidense y el primer ministro británico, Andy Burnham, después de su primer encuentro personal durante la Asamblea General de la ONU. “Independientemente de la política de cada uno, esta relación siempre tiene que funcionar”, afirmó.
Reino Unido mueve sus piezas
La Cancillería británica convocó el 30 de septiembre en Londres a la embajadora argentina, Mariana Plaza, y le transmitió que las acciones de Buenos Aires comprometían la confiabilidad de Argentina como socio del Reino Unido. La subsecretaria parlamentaria Uma Kumaran calificó la decisión de recurrir al arbitraje contra el proyecto petrolero Sea Lion, en las Islas Malvinas, como “el último intento de socavar los derechos y los medios de vida del pueblo de las Malvinas”.
La Cancillería argentina rechazó las críticas británicas y sostuvo que recurrir a un tribunal internacional imparcial “es el acto más responsable que puede realizar un Estado”. Esta semana, Buenos Aires notificó a Londres el inicio de un arbitraje bajo el Anexo VII de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. La presentación dio al Reino Unido dos semanas para detener el proyecto antes de que Argentina pueda llevar el caso al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, en Hamburgo; el plazo vence a mediados de octubre.
El campo Sea Lion está en la Cuenca Malvinas Norte, a unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, y sus reservas estimadas ascienden a 1.700 millones de barriles. Navitas Petroleum controla el 65% del proyecto y Rockhopper Exploration, el 35%. Sam Moody, director ejecutivo de Rockhopper, dijo que “el primer petróleo sigue teniendo como objetivo el primer trimestre de 2028”; también sostuvo que la compañía estaba financiada hasta el inicio de la producción y que las medidas argentinas no alteraban el cronograma de explotación en las Islas Malvinas.
