(BUENOS AIRES).- Lionel Scaloni abrió una nueva etapa con la Selección Argentina, que ganó 4-0 en su primer amistoso del ciclo. El plan fue repartir las funciones ofensivas, en lugar de buscar un reemplazante individual para el capitán.
La etapa posterior a Lionel Messi no empezó con un futbolista elegido para ocupar su puesto. Lionel Scaloni cambió la estructura y distribuyó entre varios jugadores las responsabilidades que durante años se concentraron alrededor del capitán. La base fue un 4-4-2, aunque esa figura no describía por sí sola el funcionamiento: cuando Argentina tuvo la pelota, la movilidad alteró las posiciones y abrió distintas opciones de ataque.
Argentina ocupó los cinco carriles del campo, pero sin fijar a cada jugador en una zona. Los laterales Agustín Giay y Román Vega avanzaron para dar amplitud, mientras Nico Paz y Gianluca Prestianni podían cerrarse y asociarse por dentro. Lautaro Martínez y Julián Álvarez también intercambiaron alturas y movimientos para dificultar las referencias defensivas del rival. Así, las bandas servían para ensanchar el espacio y habilitar ataques interiores, no como destino final de cada jugada.
El reparto de funciones también se vio en el medio. Alexis Mac Allister tuvo margen para adelantarse y aparecer cerca de los delanteros, mientras Exequiel Palacios podía iniciar las jugadas desde una posición más retrasada. Esa diferencia evitó que los dos volantes ocuparan de manera permanente la misma altura y ofreció pases verticales para acelerar la progresión. La combinación permitió alternar la construcción desde posiciones retrasadas con llegadas de los mediocampistas cerca del área.
La velocidad completó el planteo: Argentina buscó acelerar cuando encontró una ventaja, tanto después de recuperar la pelota como durante una posesión. En el 1-0, Mac Allister apareció por delante de Palacios y la circulación vertical terminó con Lautaro Martínez definiendo. Para el segundo, Palacios encontró a Nico Paz con un pase filtrado y el futbolista resolvió la jugada. Los goles mostraron dos vías de ataque: la llegada de un volante y el pase hacia un compañero que recibía en una posición favorable.
La presión tras pérdida acompañó esa propuesta ofensiva. Cuando Argentina perdió la pelota, intentó recuperarla rápido y mantuvo a buena parte del equipo en campo rival. Esa decisión le permitió sostener la iniciativa, pero también hizo que los laterales y volantes quedaran adelantados, con los centrales lejos del arco. Para evitar quedar expuesta, la estructura depende de que el equipo pueda presionar y recuperar antes de que el rival avance.
Bolivia ofreció poca oposición y no puso a prueba todos los riesgos del sistema. La goleada dejó una primera señal sobre cómo Lionel Scaloni busca repartir las tareas que antes se concentraban alrededor del capitán, pero no alcanzó para medir cómo responderá el equipo ante un rival que supere la presión inicial. Ese será el desafío para comprobar si la propuesta puede sostener su funcionamiento sin dejar espacios en el fondo.
