(BUENOS AIRES).- Rodolfo Arruabarrena no podía creer lo que veía. El gesto de incredulidad y fastidio del entrenador de Boca desde el banco de suplentes fue la postal que mejor resumió la goleada 3-0 que sufrió el Xeneize ante Deportivo Riestra en el Bajo Flores, con tres goles en un primer tiempo demoledor.
El tercer tanto, obra de Alexander Díaz, desató la bronca del Vasco. Después de un córner a favor de Boca, la pelota quedó en los pies del delantero local, que encaró una corrida de más de 60 metros sin que ningún jugador xeneize lograra cortarlo. Díaz definió por encima de Álvaro Montero con una emboquillada y cerró la noche negra. Arruabarrena, incrédulo, giró hacia sus colaboradores y gesticuló buscando una explicación que no encontraba.
No fue solo la definición lo que molestó al entrenador, sino la pasividad defensiva de un equipo que tuvo varias oportunidades para frenar la jugada antes de que terminara en gol. Ni la presión ni los relevos funcionaron en una acción que expuso la desconexión colectiva de Boca y dejó al técnico mascullando bronca en soledad.
La imagen de Arruabarrena con el rostro desencajado y la mirada perdida en sus asistentes reflejó la sorpresa por una secuencia difícil de justificar para un plantel de la jerarquía del Xeneize. La defensa mostró inseguridad, el mediocampo no logró recuperar pelotas y el ataque nunca encontró los caminos para lastimar a un Riestra que aprovechó cada error con eficacia. El equipo local marcó los tres goles en el primer tiempo y dejó al conjunto visitante sin capacidad de reacción.
Después del partido, el propio Arruabarrena reconoció que la caída debía servir como un llamado de atención. Boca había apostado por una rotación pensando en el calendario internacional, pero el golpe fue inesperado. Ahora, el técnico deberá reconstruir la confianza del plantel con urgencia, porque lo espera O’Higgins en Chile en una prueba de carácter. El viaje al país trasandino aparece como un examen de fuego para un equipo que necesita demostrar que la goleada fue un tropiezo y no una señal de un problema mayor.
Entre los futbolistas más cuestionados quedó Álvaro Montero, señalado por su participación en los tres goles recibidos. Sin embargo, desde el cuerpo técnico entienden que la responsabilidad fue compartida por todas las líneas en una noche donde nada funcionó. Boca tuvo la posesión durante varios pasajes, pero no logró transformarla en peligro, mientras que Riestra fue efectivo y castigó cada desatención que encontró.
El gesto de bronca del Vasco en la corrida de Díaz fue el símbolo de una derrota que pocos esperaban y que obliga a Boca a reaccionar cuanto antes. La goleada dejó una advertencia clara: hay que levantar la cabeza rápido porque el compromiso frente a O’Higgins no admite otra noche de desconexión.
