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Tomás Aranda: de ser la figura al penal picado que casi elimina a Boca en la Copa

 

El juvenil falló en la tanda, pero la serie se definió rápido

 
Tomás Aranda
Tomás Aranda

(BUENOS AIRES).- Tomás Aranda tuvo en sus pies la clasificación de Boca a los octavos de final de la Copa Sudamericana, pero su penal picado falló y casi le cuesta caro: el equipo avanzó gracias al remate decisivo de Lautaro Blanco.

En la tanda de penales, O’Higgins ya había fallado dos ejecuciones: Vecino la tiró por arriba del travesaño y Montero le contuvo el remate a Pavez. Con la serie 2 a 0, Tomás Aranda entró para definirla, picó la pelota con suavidad y al medio, y el arquero Carabalí la tomó sin esfuerzo.

Si Boca no hubiese ganado, aquel penal habría quedado en la historia negra de los fracasos recientes. Carabalí, después de atrapar la pelota, insultó cara a cara al juvenil de 10 "en todos los idiomas de frente a su cara".

El mejor de la cancha y el momento cumbre

Antes de ese error, Tomás Aranda había sido el mejor de Boca a lo largo de los 90 minutos, de punta a punta. Jugó suelto, generó peligro en el arranque y, en los minutos finales, encaró y sacó dos remates desde afuera del área que hicieron lucir al arquero rival. Esas fueron las dos ocasiones más claras del equipo en el tiempo reglamentario, y derivaron en un córner que Leandro Paredes se preparó para ejecutar.

Mientras Paredes iba hacia la esquina, faltaba la decisión final de Tomy. La picada no entraba en los planes de nadie y, a pesar del triunfo, lo va a marcar en los próximos penales. No tendrá consecuencias graves porque la serie se definió rápido y a favor, y él está en pleno proceso de afirmarse como titular con la camiseta número 10.

Tomás Aranda transita su momento de acomodarse en el once inicial, vistiendo la 10, y el desenlace favorable de la noche le permitió respirar aliviado. El pibe le agradeció en silencio a Blanco, cuyo penal selló la clasificación y evitó que su picada fallida se transformara en un recuerdo imborrable para el club.

Boca se medirá con Recoleta en los octavos de final de la Copa Sudamericana, con la tranquilidad de haber evitado una crisis pero con la certeza de que no le sobró nada. El equipo sufrió durante los 90 minutos —incluido un insólito gol de lateral con una falla clave de Figal— y terminó festejando gracias a la definición por penales.