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Cómo Arruabarrena mejoró a un Boca más equilibrado que busca los octavos de la Sudamericana

 

El entrenador buscó equilibrio; la serie con Recoleta pone a prueba su proyecto.

 
Rodolfo Arruabarrena
Rodolfo Arruabarrena

(BUENOS AIRES).- Con Rodolfo Arruabarrena en el banco, Boca se juega este martes a las 19:00 la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana frente a Deportivo Recoleta, en el Estadio Tomás Adolfo Ducó. El entrenador logró darle mayor equilibrio al equipo desde su llegada, aunque la clasificación por penales ante O’Higgins mostró que la solidez todavía no alcanza para imponerse con autoridad.

Boca terminó tercero en el Grupo D de la CONMEBOL Libertadores, por detrás de Universidad Católica y Cruzeiro. La derrota 1-0 ante Universidad Católica en la Bombonera, con Claudio Ubeda todavía como DT, selló la eliminación y obligó al Xeneize a disputar los playoffs de la Sudamericana. Rodolfo Arruabarrena asumió con ese escenario como punto de partida y consiguió modificar algunos rasgos del equipo.

La primera transformación: un equipo más equilibrado

El primer cambio notorio que introdujo Arruabarrena fue en el mediocampo. El entrenador encontró en Leandro Paredes una referencia para ordenar la salida y lo rodeó con Santiago Ascacíbar y Milton Delgado, que aportan intensidad. Paredes, desde su regreso al club, siente una responsabilidad diferente y tiene la tarea de marcar el ritmo cuando Boca consigue instalarse con la pelota. Los centrales ganaron protección, los laterales pueden proyectarse con mayor seguridad y los volantes presionan mejor tras la pérdida: esa organización redujo los espacios que antes dejaban al equipo expuesto.

La excepción fue la derrota 3-0 ante Deportivo Riestra en el Torneo Clausura, en la que Arruabarrena preservó a varios titulares pensando en la revancha contra O’Higgins. Sin Paredes, Merentiel, Villa ni los centrales habituales, Boca perdió buena parte de su identidad y la defensa quedó desprotegida. El resultado expuso la dependencia que todavía existe respecto de algunos nombres.

Después de esa caída, el equipo reaccionó con un 1-0 ante Estudiantes, igualó 2-2 con Newells y luego empató 1-1 con Vélez en un partido que mostró una imagen futbolística más convincente. La secuencia del Clausura refleja el momento exacto: hay una mejora visible, pero todavía falta convertirla en regularidad y contundencia.

La serie con O’Higgins funcionó como radiografía perfecta del ciclo de Arruabarrena. Boca ganó 1-0 en la ida con gol de Miguel Merentiel, asistido por Paredes, y tuvo momentos para ampliar la diferencia. En la revancha, O’Higgins se adelantó con un tanto de Francisco González y llevó la definición a los penales. El arquero Álvaro Montero detuvo uno de los remates y el Xeneize se impuso 4-3 desde los doce pasos. La clasificación tuvo valor porque Boca necesitaba seguir en una competencia internacional después del golpe de la Libertadores, pero también dejó una advertencia.

En una serie de eliminación directa, cualquier caída de intensidad, pérdida de control o falta de precisión puede transformar una ventaja en una situación límite. Arruabarrena consiguió que el equipo encontrara una manera de competir; ahora necesita que esa manera sea más ambiciosa. Boca debe reducir los minutos en los que queda sometido por el rival y aumentar aquellos en los que logra imponer condiciones.

El gran pendiente sigue siendo transformar el control en goles. Boca puede tener buenos momentos de posesión, recuperar rápido y generar situaciones, pero todavía no convierte ese volumen de juego en una diferencia concreta. Miguel Merentiel mantiene un papel central en el ataque, aunque el equipo necesita que otros futbolistas ofensivos participen con mayor continuidad. La llegada de Enner Valencia abre otra posibilidad: el delantero ecuatoriano suma experiencia internacional, capacidad para jugar de espaldas y jerarquía en el área.

Las jóvenes promesas Tomás Aranda y Leonel Flores, gran descubrimiento del Vasco, llevan frescura al ataque, pero no se los debe cargar con responsabilidades mayores. El empate 1-1 ante Vélez volvió a instalar la discusión: el funcionamiento empieza a dar respuestas, pero la eficacia todavía no lo acompaña.

Paredes, el eje de una estructura que necesita más compañía

Leandro Paredes sigue mostrando su capacidad para recibir entre centrales, cambiar de frente y encontrar pases verticales, lo que le da al equipo una salida más limpia. Su influencia en el ritmo de juego es evidente, pero cuando el rival logra taparlo Boca pierde fluidez. Si Deportivo Recoleta decide presionarlo de manera permanente, Arruabarrena tendrá que conseguir que Ascacíbar, Delgado, los laterales y los futbolistas ofensivos participen más de la elaboración. La rotación es delicada: cuando Paredes descansó ante Riestra, el equipo perdió buena parte de sus mecanismos. Arruabarrena necesita desarrollar automatismos que sobrevivan a las modificaciones, porque una Copa Sudamericana exige jugar con frecuencia y administrar energías.

Ahora llega Deportivo Recoleta, una de las grandes sorpresas de la fase de grupos, que se clasificó directamente a octavos tras vencer 1-0 a San Lorenzo en Buenos Aires. La ida será el martes 11 de agosto a las 19:00 (ARG/URU), en el Estadio Tomás Adolfo Ducó. Boca tendrá que afrontar la serie con el recuerdo fresco de O’Higgins y con una exigencia mayor: ya no alcanza con resistir hasta los penales. Para seguir avanzando, deberá demostrar que la solidez que empezó a construir Arruabarrena puede sostenerse durante 180 minutos.