(BUENOS AIRES).- Santiago Ascacibar definió con un toque en el área chica tras un pase de Villa y marcó el 1-1 parcial de Boca Juniors frente a Recoleta por la Copa Sudamericana, su cuarto gol consecutivo y el tercero que anota en la cancha de Huracán. El volante, reconvertido en la solución ofensiva más confiable del equipo de Arruabarrena, volvió a vestirse de nueve y estiró una racha que lo consolida como el goleador más implacable del Xeneize.
Antes de quebrar el cero en el arranque del segundo tiempo, el Ruso ya había generado tres chances nítidas en la primera etapa. A los 13 minutos cabeceó desde un ángulo y la pelota pasó cerca del palo, y después sumó un remate tapado por el arquero a los 35 y otro cabezazo más a los 36. La insistencia volvió a tener premio.
El tanto ante el conjunto paraguayo completa una serie que comenzó ante Newell’s, siguió con la ley del ex frente a Estudiantes de La Plata y continuó contra Vélez. Santiago Ascacibar es hoy el máximo artillero de la era Arruabarrena, con cuatro goles en siete partidos, y su presencia en el área rival se volvió una constante que los rivales todavía no pueden descifrar.
El volante define con la naturalidad de un nueve consagrado: de cabeza, de derecha, de zurda o de arremetida. Su carta de presentación en Wikipedia todavía lo describe como un futbolista argentino que juega de mediocampista en Boca Juniors, pero dentro de la cancha Santiago Ascacibar se mueve y piensa como un delantero de área. Siempre encuentra la manera de generarse una chance, como si toda su vida se hubiese movido entre centrales y nueves, esperando el momento para atacar el rebote, la segunda pelota o ese espacio que queda libre.
Una seguidilla letal
El Ruso ya no sorprende cuando pisa el área. Antes de esta racha, el jugador no era considerado una amenaza ofensiva constante; ahora cada avance suyo genera la sensación de que puede convertir otro gol más. Contra Vélez tuvo una chance que dio en el palo, y contra Recoleta mismo las jugadas del primer tiempo pudieron haber quebrado el cero del Xeneize mucho antes.
La confianza del Vasco Arruabarrena fue decisiva. Después de dejarlo en el banco para el repechaje con O’Higgins, el entrenador apostó por su continuidad y Santiago Ascacibar le devolvió esa decisión con goles a repetición, uno tras otro. Ya no es solamente el volante que corre, mete y recupera: ahora también llega, define y aparece cuando Boca necesita goles.
Lo más llamativo es cómo consiguió sus tantos. Aparece una y otra vez en territorio enemigo, por más que los rivales sepan que eso va a suceder. Con Enner Valencia mirando desde el palco y con Merentiel fallando chances que él resuelve con asombrosa facilidad, el Ruso se afirma como el mejor delantero de Boca en el área, un puesto que nadie le discute en el presente del equipo.
Con la seguidilla abierta y la puntería afinada, Santiago Ascacibar se convirtió en la principal arma ofensiva de un Boca que encontró en un volante de recuperación a su goleador más implacable. Siempre se dijo que, por características, el Ruso era un jugador para el Xeneize; lo que nunca se pensó es que fuera un goleador.
