(BUENOS AIRES).- “Elegiría a Boca”, dijo Thiago Almada tiempo atrás cuando le preguntaron por una eventual vuelta al fútbol argentino. Aquella confesión, sin embargo, no alcanzó para que Boca de la mano de Juan Román Riquelme se metiera en la negociación que hoy tiene a River Plate muy cerca de cerrar su incorporación. La razón de fondo es económica: el club de Núñez está dispuesto a pagar cerca de 20 millones de dólares, una cifra que en la Ribera consideran fuera de su alcance actual.
Almada siempre fue un futbolista del gusto de Juan Román Riquelme y del mundo Boca, pero la dirigencia xeneize optó esta vez por mantenerse al margen. El monto que maneja River, en el orden de los 20 millones de dólares, supera los parámetros de la actual política de incorporaciones del club. La dirigencia explicó que la estrategia es no entrar en pujas millonarias y priorizar un equilibrio financiero, con inversiones selectivas que no comprometan la estabilidad institucional.
Boca viene aplicando una línea clara en los últimos mercados. La consigna es evitar las subastas que disparen los valores y concentrar los recursos en refuerzos puntuales. Esa política ya se tradujo en decisiones similares en ventanas anteriores, donde el club resignó nombres de peso para no desacomodar sus números.
La vieja elección
La decisión de no competir por Almada cobra un peso extra por aquella declaración que el mediocampista supo hacer. “Elegiría a Boca”, había expresado, cuando todavía era una de las grandes promesas del fútbol argentino. Esa frase vuelve ahora al centro de la escena frente a la chance concreta de que termine vistiendo la camiseta de River.
El contexto, de todos modos, cambió. El jugador evalúa su futuro en función de lo deportivo y lo económico, y en ese terreno River parece haber tomado la delantera. Las oportunidades que ofrece cada club y las condiciones del proyecto pesan más que una vieja simpatía. Ni el cariño por los colores ni aquella preferencia de juventud alcanzaron para torcer una negociación que se mueve por otros carriles.
Desde el entorno del futbolista también apuntan a que la balanza se inclina hacia Núñez. La oferta económica y la chance de ser la bandera de un equipo en formación rápida terminaron de inclinar la decisión, más allá de cualquier preferencia personal del pasado. En Boca, mientras tanto, confían en que sostener el rumbo financiero dará frutos más adelante y evitan las operaciones que los obliguen a estirarse por encima de lo planificado.
El posible pase de Thiago Almada se convirtió así en un reflejo de dos modelos opuestos de mercado: River dispuesto a dar un golpe con una inversión fuerte, y Boca aferrado a la cautela. Por ahora, el Xeneize eligió mirar la película completa antes que entrar en una puja que, con 20 millones de dólares sobre la mesa, quebraría su libreto.
