(BUENOS AIRES).- “En los últimos dos meses no me sentí jugador”, dijo Maximiliano Salas tras dejar River y confirmar su continuidad en Independiente Rivadavia. El delantero rompió el silencio y expuso el malestar que le provocó quedar apartado del plantel en el tramo final de su ciclo.
Salas explicó que la decisión de entrenar separado del grupo lo llevó a una situación límite desde lo anímico. “No está bueno estar encerrado en un contenedor”, comparó sobre el espacio físico que compartía con otros futbolistas que no eran tenidos en cuenta por el cuerpo técnico. La imagen, dijo, describía el encierro y la desconexión que sintió en esos meses.
El atacante había llegado a Núñez con mucha expectativa después de su paso por Racing, donde se destacó por la intensidad, el sacrificio y la presión constante sobre los defensores rivales. Durante sus primeros partidos en el Millonario esas características fueron valoradas, pero con el correr de las semanas el protagonismo se fue diluyendo.
La pérdida de terreno lo empujó al costado del plantel profesional. Salas reconoció que nunca logró adaptarse del todo a la función de centrodelantero, una posición distinta a la que ocupaba habitualmente. En Racing compartía el ataque con otro nueve y eso le permitía explotar sus virtudes; en River, en cambio, muchas veces tuvo que ser la referencia ofensiva, un rol que no terminó de favorecer su rendimiento.
La situación de los jugadores apartados generó debate dentro del mundo River. Salas fue uno de los nombres que quedó relegado y que finalmente encontró una salida para continuar su carrera en otro equipo. La dinámica de entrenar lejos del grupo principal, explicó, lo hizo sentir alejado de la rutina de un futbolista profesional.
La falta de continuidad y la confianza minada terminaron de sellar su despedida del club. El propio delantero contó que llegó un momento en el que dejó de sentirse futbolista profesional dentro de la institución, una sensación que describió como amarga.
Ahora, con el pase a Independiente Rivadavia ya definido, el delantero buscará recuperar ritmo de juego y volver a sentirse importante dentro de una cancha. Más allá de los análisis futbolísticos, Salas dejó una reflexión sobre el costado humano de su salida: llegó a River con el sueño de triunfar y cerró el ciclo con la certeza de haber perdido algo esencial para cualquiera que se dedica a esta profesión —sentirse jugador.
