(BUENOS AIRES).- El pan de maíz con queso y corteza dorada es un clásico de la gastronomía sureña de los Estados Unidos que podés preparar con ingredientes bien accesibles. Esta receta se convierte en un plato comodín: va perfecto como guarnición de guisos, carnes asadas o sopas, pero también se luce solo, tibio, con un toque de manteca.
El secreto de ese exterior crocante está en precalentar la sartén o el molde junto con el horno a 180 °C; cuando vertés la masa sobre la superficie caliente, el leve chirrido te garantiza una corteza dorada impecable. La base lleva harina de maíz (polenta o harina amarilla, nunca fécula), suero de leche —buttermilk o leche cortada con una cucharada de jugo de limón— y mucho queso.
En cuanto al queso, la receta admite muzarella, cremoso o semiduros como cheddar, pategrás, gouda, incluso rallado. Así sale siempre un bocado húmedo y sabroso.
Ingredientes
2 huevos grandes (batidos)
¼ taza de aceite vegetal
1 taza de suero de leche
1 taza de harina de maíz
½ taza de harina de trigo común
2 cucharaditas de polvo de hornear
½ cucharadita de bicarbonato de sodio
1 cucharadita de sal
½ cucharadita de ajo en polvo
1 ½ tazas de queso (en trocitos o rallado)
1 taza de granos de choclo (en lata o cocidos)
½ cebolla blanca (picada en cubitos)
Opcional: 2 pimientos jalapeños medianos, sin semillas y picados
Colocar una sartén de hierro fundido o un molde de metal o cerámica engrasado (unos 20 cm) dentro del horno frío y encenderlo a 180 °C para que se caliente junto con el horno. En un bowl, mezclar los huevos batidos, el aceite, el suero de leche y la harina de maíz; dejar reposar unos minutos. Aparte, tamizar la harina de trigo con el polvo de hornear, el bicarbonato, la sal y el ajo en polvo. Unir ambas preparaciones con espátula, sin batir de más, y sumar el queso, los granos de choclo, la cebolla y los jalapeños si los usás. Retirar la sartén caliente con cuidado, verter la masa —vas a escuchar el chirrido que sella la corteza— y hornear de 45 a 50 minutos, hasta que esté dorado y al insertar un palillo salga limpio o con migas secas. Dejarlo enfriar 20 minutos en la sartén antes de cortarlo en triángulos.
Si preferís una versión dulzona, quitale la cebolla, el ajo y los jalapeños. Agregá 3 cucharadas de miel pura a los ingredientes húmedos y usá un queso suave como la muzarella. Apenas sale del horno, pincelalo con manteca derretida mezclada con un hilo de miel.
La variante sin picante reemplaza la cebolla blanca y el jalapeño por 2 tallos de cebolla de verdeo picados finitos, y combina a partes iguales queso gouda, provolone y reggianito rallado. Un gol de sabor para toda la familia.
El truco es siempre tener la sartén caliente antes de volcar la preparación; ese choque de temperatura te da la textura justa. Una receta simple que se vuelve adictiva, probala y va a conquistar cualquier mesa.
