(BUENOS AIRES).- «A las supremas de pollo siempre les hace falta una salsa y esta es de las mejores, porque tiene un truco clave: cocinar todo en la misma sartén para que la crema de choclo y los quesos absorban los jugos dorados de la panceta.»
La frase pertenece a Marisa Cortéz, que presentó una receta contundente para resolver el almuerzo en 25 minutos y con una sola sartén. Las pechugas a la crema de choclo y queso combinan la suavidad del pollo con una salsa ultra cremosa y el toque crocante de la panceta ahumada, sin necesidad de encender el horno.
La propuesta busca transformar las clásicas supremas en un plato abundante y sabroso, ideal para quienes quieren comer rico pero no tienen ganas de pasar horas en la cocina. “En solo 25 minutos y sin ensuciar de más, vas a lograr un plato ultra cremoso, con contraste crocante y puro sabor”, señaló Cortéz.
Ingredientes
- 3 pechugas de pollo (deshuesadas y sin piel)
- 100 g de panceta ahumada en fetas
- 2 tazas de choclo desgranado (congelado o de lata bien escurrido)
- 200 ml de crema de leche
- 100 g de queso crema
- ½ taza de queso rallado
- 2 cucharadas de manteca
- 3 dientes de ajo picados
- 2 cucharaditas de tomillo fresco (o seco)
- Una pizca de ají molido
- Sal y pimienta negra a gusto
El procedimiento de esta receta arranca dorando la panceta en una sartén grande a fuego medio hasta que quede bien crocante, lo que demanda entre 8 y 10 minutos. Se retira sobre papel absorbente, se pica en trozos chicos y se reserva la grasa que quedó en la sartén. En ese mismo fondo, se salpimentan y doran las pechugas de ambos lados durante 6 a 8 minutos por lado; cuando están cocidas, también se retiran y se reservan.
Sin lavar la sartén, se baja el fuego y se suma la manteca junto con el ajo picado y el tomillo, aromatizando apenas 30 segundos para que el ajo no se queme. Enseguida se incorpora el choclo, se saltea dos minutos y se agregan la crema de leche, el queso crema y el queso rallado. Hay que revolver enérgicamente hasta que los quesos se fundan y la salsa quede aterciopelada; recién ahí se condimenta con el ají molido, la sal y la pimienta.
Las pechugas vuelven a la sartén junto con los jugos que hayan soltado y se dejan cocinar dos minutos a fuego bajo para que se impregnen bien. Se sirven bien calientes, con la panceta crocante espolvoreada por encima. Para acompañar, Cortéz sugiere papas, puré de vegetales o arroz.
El tip que define el sabor del plato es no lavar la sartén en ningún momento. “El fondo dorado que deja la panceta y el pollo se desprende al volcar la crema de leche y la manteca, creando un color dorado y un sabor ahumado imposible de igualar si hacés la salsa por separado”, explicó. Una receta simple que se vuelve adictiva.
