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Recetas: tarta de choclo sin masa lista en 30 minutos

 

Cremosa por dentro, dorada por arriba y con un secreto que cambia la textura: la preparación que resuelve el almuerzo sin masa.

 
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(BUENOS AIRES).- La tarta de choclo sin masa es una de esas recetas que resuelven el almuerzo o la cena sin vueltas: se mezclan los ingredientes en un bowl, va directo al horno y rinde 4 a 6 porciones. Queda dorada por arriba, cremosa por dentro y se puede comer tanto caliente como fría.

El choclo aporta un sabor ligeramente dulce que combina muy bien con la ricota y el queso, mientras que los huevos unen la preparación y logran una textura firme pero muy cremosa. Como no lleva masa, es una alternativa práctica para simplificar al máximo la cocina. Y entre las recetas rápidas, esta es de las más rendidoras: admite variantes según lo que haya en la heladera.

Ingredientes para la tarta sin masa de choclo

  • 2 tazas de granos de choclo cocidos

  • 300 gramos de ricota

  • 4 huevos

  • 1 cebolla

  • 150 gramos de mozzarella o queso cremoso

  • 50 gramos de queso rallado

  • 2 cucharadas de avena fina

  • 2 cucharadas de leche

  • 1 cucharada de aceite de oliva

  • Nuez moscada, sal y pimienta

  • Ciboulette o perejil fresco (opcional)

El paso por paso es simple. Precalentá el horno a 180 °C y picá la cebolla bien pequeña. Calentá el aceite de oliva en una sartén y rehogala durante aproximadamente cinco minutos, hasta que esté transparente. Después batí ligeramente los huevos en un bowl, incorporá la ricota y mezclá hasta integrarla; sumá el choclo, la cebolla, la mitad de la mozzarella cortada en cubos, la avena y la leche, y condimentá con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Volcá todo en una fuente aceitada, emparejá la superficie, distribuí el resto de la mozzarella y el queso rallado, y llevá al horno unos 30 minutos. Retirala cuando el centro esté firme y la superficie bien dorada, y dejala reposar entre cinco y diez minutos antes de cortarla.

Hay un secreto para que quede bien cremosa: procesar aproximadamente media taza de granos de choclo junto con la leche y agregar esa crema al resto de la preparación. De esa forma la tarta conserva algunos granos enteros, pero el interior queda mucho más suave. La avena, por su parte, absorbe el exceso de humedad y permite que la tarta mantenga mejor su forma; si no tenés, la podés reemplazar por harina integral, harina de garbanzos, fécula de maíz o pan rallado.

Para hacerla más proteica se le pueden sumar dos claras extra, queso cottage, más ricota, pollo cocido desmenuzado, jamón cocido o atún al natural. El queso cottage junto con la ricota es una buena alternativa, porque mantiene la textura cremosa sin modificar demasiado el sabor. También existe una versión con espinaca: se rehogan unos 200 gramos de espinaca fresca, se escurre muy bien, se pica y se incorpora a la mezcla antes de llevarla al horno. Y con el choclo no hay drama: puede ser de lata —siempre bien escurrido para que no aporte líquido—, congelado previamente cocido o fresco. Puerro, morrón rojo, zanahoria rallada, tomates cherry, cebolla de verdeo, brócoli o jamón cocido también funcionan.

Se puede comer fría: recién salida del horno queda mucho más cremosa, pero al enfriarse toma consistencia y se corta fácilmente, así que es ideal para preparar con anticipación o llevar en un tupper. Una vez fría, se guarda en un recipiente hermético en la heladera por aproximadamente tres días; para recalentarla, unos minutos al horno o en una sartén tapada a fuego bajo. De acompañante, una ensalada de rúcula y tomate, hojas verdes con palta o tomates cherry con albahaca la convierten en una comida fresca y completa. Entre las recetas fáciles para tener siempre a mano, esta se vuelve adictiva: tenés que probarla sí o sí.