(BUENOS AIRES).- Boca sufrió un golpe inesperado en el debut del campeonato al caer 3-0 frente a Deportivo Riestra, en un partido que dejó al descubierto su principal déficit: la falta de profundidad. El equipo de Rodolfo Arruabarrena tuvo mayor posesión durante largos pasajes, pero nunca logró convertir ese dominio en ocasiones claras de gol y pagó caro cada error defensivo.
La tenencia estéril fue el rasgo más preocupante. Boca manejó la pelota, sobre todo en el complemento, pero su circulación fue previsible y careció de ideas en los últimos metros. “Nunca encontró la manera de romper el bloque defensivo de Riestra”, según describieron desde el análisis del encuentro, y tampoco logró incomodar al arquero rival.
Riestra, en cambio, ejecutó su plan con inteligencia y contundencia. Sin necesidad de controlar el balón, lastimó con transiciones rápidas y contragolpes que encontraron una defensa visitante llena de dudas. Cada llegada del equipo local generó peligro y expuso la fragilidad colectiva de Boca para recuperar la pelota y reaccionar a tiempo.
La diferencia de actitud entre ambos equipos se reflejó en cada pelota dividida. Riestra fue intenso y ordenado, mientras que Boca pareció jugar incómodo durante todo el partido. Los goles llegaron mediante ataques rápidos, pero el conjunto local también consiguió anular los circuitos ofensivos del Xeneize y lo obligó a una circulación chata que nunca puso en riesgo el resultado.
La falta de conexión entre líneas agravó el panorama. Boca no logró asociar a sus volantes con los delanteros, y la circulación previsible le impidió generar siquiera una oportunidad que hiciera dudar a la defensa contraria. La sensación que quedó después del partido fue de una impotencia ofensiva completa, incluso con minutos por jugar.
El rendimiento dejó una preocupación explícita entre los hinchas. La derrota no solo se explicó por los tres goles recibidos en una primera mitad fatídica, sino también por una incapacidad casi absoluta de torcer la historia cuando todavía había tiempo para descontar. La falta de conexión entre líneas, los problemas para recuperar la pelota y la escasa capacidad de reacción quedaron marcados después de una actuación que sembró más dudas que certezas.
Riestra, por el contrario, aprovechó cada error con precisión quirúrgica. Las transiciones rápidas fueron su principal arma y le permitieron exponer a una defensa que mostró demasiadas dudas en cada ataque local. El resultado también abrió el análisis sobre el funcionamiento colectivo del equipo de Arruabarrena, que deberá encontrar respuestas urgentes.
La oportunidad en Chile
El calendario no da tregua. El próximo jueves Boca visitará a O’Higgins en Chile, un partido que puede definir su continuidad en la competencia internacional y que aparece como una prueba inmediata para medir la capacidad de reacción del plantel. El cuerpo técnico deberá corregir rápido la fragilidad defensiva y, sobre todo, encontrar la fórmula para que la posesión se traduzca en peligro real.
Después de una actuación que dejó más dudas que certezas, el equipo necesita mostrar otra intensidad, mayor personalidad y una respuesta futbolística acorde a la importancia del cruce que tiene por delante. La gira chilena representa mucho más que un cambio de escenario: es la chance de demostrar que la derrota ante Riestra fue un traspié y no el síntoma de un problema más profundo.
