(BUENOS AIRES).- Boca avanzó a la siguiente ronda de la Copa Sudamericana tras eliminar por penales a O’Higgins, pero la clasificación no borró la tensión interna que dejó al descubierto un gesto de Leandro Paredes hacia Sebastián Villa. El volante, una de las voces de mayor peso en el vestuario, le reprochó visiblemente al colombiano una pelota dividida que no fue a disputar, y minutos después Rodolfo Arruabarrena decidió mandarlo al banco.
La jugada se produjo en un momento en que Boca sufría el asedio del equipo chileno. Paredes observó que Villa no presionó una pelota en terreno propio y, en la continuidad, el delantero se resbaló cuando intentó corregir. El campeón del mundo giró hacia su compañero y le dedicó un inequívoco ademán de fastidio, que no tardó en convertirse en uno de los momentos más comentados del partido.
Pocos minutos después, Arruabarrena movió el banco y Villa dejó la cancha. La decisión del técnico alimentó las lecturas de quienes vincularon de inmediato el gesto de Paredes con la salida del atacante, aunque desde el cuerpo técnico también se analizan factores futbolísticos y físicos al momento de los cambios.
Lo concreto es que Villa no tuvo una noche destacada. Boca necesitaba mayor peso ofensivo para sostener la diferencia conseguida en la ida, pero el colombiano no encontró sociedades y el equipo terminó retrocediendo sin claridad.
A pesar de todo, la serie se definió desde los doce pasos. Boca mantuvo la ventaja por penales y selló el pase a la próxima instancia de la Copa Sudamericana, aunque el sufrimiento hasta el final dejó imágenes que dispararon el análisis puertas adentro.
Paredes, por su jerarquía y su ascendiente en el plantel, encarna la exigencia que pretende instalar el grupo. Su reacción con Villa expuso ese código interno: la demanda de intensidad plena durante los noventa minutos, algo que en partidos de eliminación directa se vuelve innegociable.
Un debate que recién empieza
El episodio abrió un debate sobre el funcionamiento colectivo y el compromiso individual que exige cada encuentro. En un plantel de máxima presión como el de Boca, donde cada gesto se amplifica, la escena entre los dos futbolistas se convirtió en un recordatorio de que nada pasa desapercibido.
La clasificación, sin embargo, le dio oxígeno al equipo. Después de un partido que dejó más dudas que certezas, el Xeneize se mantiene en carrera en el certamen continental y ahora deberá enfocarse en corregir las desconexiones que quedaron expuestas ante O’Higgins. La serie se cerró con angustia, pero también con una lección interna que el grupo no va a ignorar: en instancias definitivas, la exigencia entre compañeros es la misma que la de cualquier hincha desde la tribuna.
