(BUENOS AIRES).- Una sola sartén, minutos de cocción y nada más que lavar: la cena nutritiva que resuelve cualquier noche de semana.
Los garbanzos cremosos con queso se presentan como la receta ideal para resolver una cena exprés para dos personas, bien nutritiva y sin ensuciar media cocina. El plato se arma con garbanzos de lata, verduras frescas y mozzarella, todo cocinado en una sola sartén. Es la salvación cuando el tiempo aprieta pero no se quiere resignar nutrición ni sabor.
El plato cae en la categoría de comida reconfortante: los garbanzos en lata se transforman en un guiso cremoso con salsa de verduras y queso derretido. Además, la comida final queda cargada de fibra, así que en minutos se resuelve una cena completa, abundante y rendidora para compartir entre dos.
INGREDIENTES DE LA RECETA
500 g de garbanzos cocidos en conserva (aproximadamente 2 latas), enjuagados y escurridos
1 calabacín
2 tomates redondos maduros
4 dientes de ajo
100 g de mozzarella rallada o en cubos pequeños
Aceite de oliva virgen extra
Sal y orégano seco a gusto

Para arrancar, cortar el calabacín de forma transversal, los tomates por la mitad y pelar los dientes de ajo, dejándolos enteros. Engrasar una sartén grande con aceite de oliva, agregar las verduras, tapar y cocinar a fuego medio durante 10 minutos. Después dar vuelta el calabacín, retirar con cuidado la piel de los tomates —se desprende sola con el calor— y continuar la cocción tapado 5 minutos más, hasta que todo esté tierno.
El paso que hace la diferencia llega ahora: retirar la tapa y machacar enérgicamente todos los vegetales cocidos con un pisa papas o un tenedor, directamente dentro de la sartén, hasta lograr una consistencia cremosa y homogénea. Esa base rústica es la que le da al plato su textura particular. Sumar la sal, el orégano y los garbanzos ya lavados, mezclar bien y cocinar 2 minutos más para amalgamar los sabores.
Para terminar, esparcir la mozzarella por encima, tapar un minuto y esperar a que el queso se funda. El plato sale de la sartén bien caliente, con la salsa cremosa abrazando a los garbanzos y el queso derrite en la superficie. A la mesa no le hace falta nada más.
Antes de cocinar, hay un detalle que conviene no saltear: los garbanzos de lata deben enjuagarse muy bien bajo el chorro de agua fría para quitarles el exceso de sodio y el líquido de conserva. Si se prefiere una salsa más líquida, alcanza con sumar un chorrito de agua o caldo de verduras después de machacar los vegetales.
Y para quienes quieran llevarlo un paso más arriba, la sugerencia es potenciar el aroma antes de servir: unas hojas de albahaca fresca picada o un chorrito de aceite de oliva en crudo hacen su magia. Una cena simple, rendidora y que se vuelve adictiva: tenés que probarla sí o sí.

