(BUENOS AIRES).- El pollo a la mostaza es una de esas recetas que resuelven el día a día: un plato de origen francés, simple de hacer y con una salsa cremosa que realza la jugosidad de la carne. En total lleva unos 45 minutos entre preparación y cocción, así que alcanza tanto para un almuerzo de semana como para una cena con invitados sin pasar horas en la cocina.
Los ingredientes de la versión más difundida son sencillos: 4 pechugas de pollo (también valen muslos deshuesados), 2 cucharadas de mostaza de Dijon, 200 ml de crema de leche, 1 cucharada de aceite de oliva, 1 cebolla pequeña picada, 2 dientes de ajo, 100 ml de caldo de pollo, sal y pimienta a gusto, y perejil fresco opcional para decorar.
El paso a paso, hasta la salsa espesa
El paso a paso arranca sazonando las pechugas con sal y pimienta. Después hay que calentar el aceite en una sartén grande a fuego medio-alto y dorar el pollo unos 4-5 minutos por lado; se retira y se reserva. En esa misma sartén se sofríe la cebolla hasta que esté transparente, se suma el ajo por un minuto más, se incorpora la mostaza y se mezcla bien.
El siguiente movimiento es verter el caldo de pollo y raspar el fondo de la sartén para desglasar, de modo que todos los sabores se integren; se cocina 3 minutos. Ahí entra la crema de leche, se mezcla y se deja que la salsa se cocine 2 minutos. Para terminar, el pollo vuelve a la sartén a fuego medio-bajo durante 15 minutos o hasta que esté completamente cocido y la salsa haya espesado. Se sirve caliente, con perejil picado por encima.
Hay una variante más contundente, pensada para 2 porciones, con 15 minutos de preparación y 25 de cocción: lleva 2 pechugas, 500 cc de crema de leche, 3 cucharadas de mostaza —la de Dijón es la preferida—, media taza de caldo de pollo o verdura, cebolla, ajo, manteca o aceite de oliva, sal, pimienta y hierbas frescas. En este caso se puede usar pata/muslo en lugar de pechuga, y hasta animarse a preparar la mostaza casera.
Para la guarnición, una opción práctica es sumar brócoli cocido a la salsa 5 minutos antes de terminar el plato, y servir todo con las hierbas frescas por encima. El pollo a la mostaza también acompaña perfecto con arroz, puré de papas o verduras salteadas, lo que lo vuelve un plato tan válido para una comida familiar como para una cena más elaborada.
Los tips para personalizarlo sobran: para una versión vegana alcanza con sustituir el pollo por tofu o seitán y usar caldo de verduras; y para un toque dulce se le puede añadir una cucharadita de miel a la salsa, que ayuda a equilibrar los sabores. Si sobra, se conserva hasta 3 días en la heladera en un recipiente hermético; para recalentarlo, mejor a fuego lento o en el microondas sin pasarse, para no resecarlo. Cada porción de la versión clásica ronda las 350 calorías, con 32 gramos de proteínas y solo 6 de carbohidratos. Una de las recetas más rendidoras de la cocina cotidiana, que vale la pena tener a mano.
