ESPECTÁCULO

Con pocos ingredientes: la receta de rosquitas de limón que nunca falla

 

La creadora de El Baúl Dulce revivió un clásico de la infancia.

 
Receta
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(BUENOS AIRES).- “La chocolatada de las tardes sin rosquillas no es lo mismo”, resume Emese, la creadora del blog El Baúl Dulce, que compartió su receta de rosquitas caseras de limón: un clásico esponjoso por dentro, crocante por fuera y con un aroma cítrico que te conquista de entrada. Rinde unas 15 unidades, se prepara en 20 minutos y lleva apenas 3 huevos, harina, aceite, azúcar y limón.

La receta se publicó en noviembre de 2024 y ya se ganó el cariño de quienes la probaron. Emese buscó revivir el postre que comía en los mercados de su infancia y aclara de entrada: “¡Ojo!, no compares estas rosquillas con los donuts americanos, ya que son postres y texturas totalmente diferentes”. Lo que vas a lograr es una masa tierna, nada grasienta, ideal para acompañar el mate, el café o, como dice ella, una buena chocolatada.

INGREDIENTES

  • 65 ml de zumo de limón
  • La piel rallada de 2 limones grandes (o 3 medianos)
  • 385 g de harina
  • 40 g de aceite de oliva virgen extra
  • 100 g de azúcar
  • 15 g de levadura en polvo
  • 3 huevos
  • Aceite de oliva virgen extra o de girasol (para freír, cantidad necesaria)
  • Azúcar extra (para rebozar)

La masa no tiene misterio. Batí los huevos con el azúcar y la ralladura de limón hasta que se integren bien. Sumá el aceite de oliva y volvé a batir. Incorporá el zumo de limón y después añadí la harina junto con la levadura en polvo. Mezclá hasta conseguir una pasta homogénea, tapala con un paño de cocina y dejá reposar a temperatura ambiente 30 minutos.

El secreto para que te salgan perfectas está en la fritura. Calentá el aceite a temperatura media —ni frío ni humeante— y hacé una prueba con un pedacito de masa para regular el fuego. Con las manos mojadas, formá bolitas del tamaño de una nuez grande, haceles un agujero en el centro con el dedo y cuidá de no hacer rosquillas gruesas: si las dejás muy gordas, corrés el riesgo de que queden crudas por dentro. Freí de a pocas, porque la masa crece bastante, y dalas vuelta después de un par de minutos, cuando veas que un lado ya está dorado.

Una vez listas, escurrilas sobre papel de cocina para retirar el exceso de aceite y rebozalas enseguida con azúcar. Así quedan con esa capita dulce y crocante que las vuelve adictivas. Una seguidora del blog, Liliana Miriam García, lo resumió así: “Son como las que hacía mi abuela Tere”. No hay mejor elogio para una receta casera.

Emese insiste en que la textura tierna se la da justamente esa masa blanda y pegajosa que solo se manipula cómoda con las manos mojadas. Y cierra con una frase que te la pinta entera: “La chocolatada de las tardes sin rosquillas no es lo mismo”. Una receta simple, rendidora y con memoria de infancia que tenés que probar sí o sí.