Comer con el teléfono, el “horror” de la alimentación infantil

La salud alimentaria y la relación con el acceso a la tecnología. Imperdible,
<a href="https://elintransigente.com/mundo/salud/2019/10/28/comer-con-el-telefono-el-horror-de-la-alimentacion-infantil/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-10-28T14:03:37-03:00">octubre 28, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-10-28T14:04:00-03:00">octubre 28, 2019</time></a>

La escena puede darse en cualquier momento y en cualquier lugar: niños totalmente alienados delante de un teléfono móvil o de una tableta mientras comen mecánicamente. Esto se da en casa, en un restaurante o en lo de un familiar. Un tremendo error que, sumado a utilizar la comida como premio o castigo, se repite cada vez más al momento de querer educar a nuestros hijos respecto de la alimentación.

Para los especialistas, desde el primer paso la comida del niño debe ser reformulada por completo, ya que el menú infantil hoy consta mayormente de alimentos insanos, como fritos o carne procesada, y con muy poca prevalencia de verduras y las frutas. Para los nutricionistas españoles Aitor Sánchez y Lucía Martínez es necesario corregir factores fundamentales.

En primer lugar, “no haría falta que nos educaran en comer saludable si en el hogar ofrecemos comida saludable. Sería más efectivo que repetir que hay que comer sano. Y en la escuela de nada sirve que haya una unidad en Biología que hable de alimentación saludable si luego en el comedor escolar no se practica”, detallan los especialistas.

Según la agencia EFE, “uno de los más frecuentes es que el niño se distraiga mientras come viendo dibujos en el móvil o en la tableta, tanto en casa como en un restaurante, lo que impide que desarrolle sus habilidades de interactuación social o de interacción con los alimentos. Los niños quieren jugar, moverse, conocer a otros niños… y la solución de la tableta o el móvil surge cuando queremos llevarlos a un contexto que no es el suyo: sentarlos durante dos horas en una mesa rodeados de adultos y que no nos molesten”, analizan los tecnólogos en alimentos.

“Es un problema de enfoque de la sociedad al recurrir a ciertas herramientas para que se ajusten los niños a situaciones sociales que quizá no sean las más adecuadas para ese momento. Esas herramientas pueden ser útiles mientras no se conviertan en los protagonistas de la alimentación y del ocio”, aseguran.

¿Entonces?

¿Quien no sufre diariamente con la frase que nace de los más chicos al momento de sentarse en la mesa? “Esto no me gusta, no tengo hambre”, o cualquier pretexto. Ante esto, “la Academia Americana de Pediatría recomienda no obligar a un niño a comer. No se trata de un correctivo, en un contexto como el nuestro, con abundancia de alimentos, un niño no va a pasar hambre y si se queda con hambre te lo hará saber”.

Para las dietistas-nutricionistas, “si el niño se muestra caprichoso ante la comida, otro clásico, la experta considera que es responsabilidad de los cuidadores tener en casa opciones de alimentos que sean todas saludables, así no habrá tentaciones. Es decir, dejemos que elija pero controlando la oferta”. ¿Qué logramos con esto? Nosotros inducirlos a que puedan elegir pero dentro de las opciones saludables que tenemos a mano.

Alimentar a los más chicos en un mundo donde los alimentos ultraprocesados acaparan todo y se meten en todos los hogares del planeta a fuerza de publicidad y marketing, comer sano y bien es realmente una misión imposible, pero necesaria para cuidar a nuestros hijos de futuros problemas. Algunos, irremediables.